Publicado en reflexiones

Mayo y mil obligaciones

Han pasado muchas cosas, incluido un apagón de doce horas. Hemos gestionado papeles y asumido obligaciones. Por responsabilidad, pero no por afán de poder o de gloria. Todo lo contrario, nos resulta una carga.

Y entonces ha sucedido lo peor: que se nos ha marchado Ela. Así. Rápidamente.

No lo termino de asimilar.

Intento distraerme con otros asuntos. Por ejemplo: que no tengo noticias de la editorial que pareció interesarse por mi manuscrito. Parecía encantarle, pero no sé nada de ellos. ¿Será que no les ha gustado tanto como creyeron al leer la sinopsis? ¿O es que están muy ocupados leyendo cientos de manuscritos una vez acabado el plazo de presentación? Vaya usted a saber.

Luego regresa la terrible inevitabilidad de la muerte. Y un cansancio sicológico intenso. Y hasta un flemón (creo que es la primera vez en mi vida, debe ser que con la dieta estoy especialmente floja).