Teníamos este viaje reservado desde octubre. Nos hemos ido en plena crisis de cambio en la Aso, sin renunciar a este en concreto, pero conscientes de que tendremos que dejar muchos proyectos personales atrás.
Un crucero desde Valencia a Venecia, pasando por Civitavecchia, Corfú, Dubrovnik y Split. Que no estuvo mal, pero con muchas interrupciones de mensajes y llamadas. Y tres días en Venecia a nuestro aire.
Volvemos con las pilas cargadas. A asumir mucho trabajo.
El XXI fue un aniversario rarísimo, con mucho estrés. No me gustó nada la experiencia. Y me atreví a pensar, pobre de mí, que el asunto acabaría del todo con el memorial de Getafe, pospuesto hasta el domingo 16, pero no, claro que no, las cosas no podían ser tan fáciles.
Porque, para que no nos doliésemos por un único asunto, otro aún peor vino después, cuando Ela se puso enfermísima. Y nos llegó el mal pronóstico.
Con la cabeza llena de interrogantes, también respecto a la Aso, nos fuimos con el grupo de jubilados de Asturias. Una actividad que teníamos reservada mucho antes. Y es que mientras la evolución de Ela sea lenta y suave, como nos han dicho los médicos, intentaremos hacer vida normal.
Así que nos fuimos de memoria histórica con los astures, nuevamente a Segovia. Nah, tres días, pero el resultado ha sido óptimo. Menos ansiedad, lo primerito. Charloteo con gente variopinta y con nuestro amigo M como segunda cosa buena. De la tercera, visitas, caminatas (ay mis rodillas, ay mis lumbares), y montones de información, apenas me da para apuntar aquí, pero genial todo.
El próximo sábado tenemos otra escapadita. Seguramente no tendré ni un minuto para documentarla in situ, pero lo haré a posteriori, como ahora.
He tenido una presentación segoviana, que me encantó, y un montón de reuniones hasta hoy. Incluso un ensayo para el Día europeo de las víctimas del terrorismo, que será el día 10 y me da un poco de vértigo.
El estrés me invade y no me alcanza el tiempo para escribir todo lo que va pasando. Tengo la sensación de ir apagando fuegos y de que ya no disfruto nada concreto durante al menos media hora seguida. Leer, escribir, ver una serie, andar un rato se ven interrumpidos por mis propias obsesiones o por llamadas o por emergencias de todo tipo, sin olvidar las domésticas.
Se acerca el aniversario, con sus mil actividades. La semana del 10 al 15 será muy movidita. A ver si consigo resistirla. Luego nos daremos un respiro, e, inmediatamente empezará otra gymkana de viajes y obligaciones. Así, intercalando el ocio con las responsabilidades.
No sé cuándo volveré a escribir aquí. Pero, cierto es, no me aburro 🙂
Escribo desde la buhardilla, en mi PC nuevo, con Windows11 porque ya no me quedaba más alternativa. Aunque ocupe la misma silla y la misma mesa, se ve extraño. Me acostumbraré enseguida, supongo, no queda más remedio.
Los achaques se multiplican y a veces sobrepasan mi paciencia. No quiero darles más importancia de la que realmente tienen, por eso no entro en detalles. Y me escribo estas líneas para decirme a a mí misma que solo son malestares molestos.
Ojalá este 2025 sea más propicio que 2024. Todavía arrastro males físicos, que, por favor, espero que mengüen, antes de que se conviertan en emocionales por pura frustración.
Algunas obligaciones nuevas se sienten… no sé qué adjetivo usar… digamos que incómodas. Aunque, espera, mejor digo las siento, ¿para qué usar una impersonal, si tengo clarísimo que ese sujeto soy yo? Pues lo que escribía, que las nuevas responsabilidades agobian, que pesan y estorban. Usaré una metáfora manida pero es que así me siento, de verdad, como con bola que encadena un tobillo e impide caminar. Vamos, que a la artrosis que me dificulta la marcha físicamente, le ha añadido una presión sicológica desagrable que no termino de digerir.
En cuanto a lo literario, haré un resumen escuetísimo:
1. tengo un bolo en Segovia, para el 21 de febrero, con BARRIO-1972
2. sigo sin noticias de ninguna otra editorial que se interese en UN BUEN PLAN
3. apenas he escrito tres capítulos de mi quinto proyecto y todavía voy tanteando en varias facetas
La supuesta editorial que me contactó no actualiza sus libros. Salieron en octubre y noviembre, pero no hay ejemplares a la venta ni en Amazon.
Confirmo así que solo hacen una tirada y beben de los beneficios escasos de las primeras tiradas de autores poco experimentados. No me interesa. Aunque tengo el contrato firmado por su parte.
Proliferan esas editoriales de poco fuste. Supongo que se tienen que ganar la vida como las circunstancias van permitiendo. Y respecto a las tradicionales de verdad, pequeñas o medianas (porque grandes es impensable), tengo en contra mi edad. No paso el primer filtro, soy demasiado vieja.
Más adelante decidiré si autopublico. De momento, serenidad. Y Fiestas Navideñas.
Estamos en casa, tranquilitos. Ahora que podemos elegir, desechamos salir o viajar los días de aglomeraciones y temporadas altas. Eso sí, tenemos escapadas en previsión para los próximos meses. Ya se verá qué tal responden mis pobres rodillas.
Por otro lado, sigo dándole vueltas al contrato editorial. Es tradicional, ni coedición ni autoedición, ellos imprimen y distribuyen. Debería contestar el lunes, después de estos días locos, pero me da miedo. Ese dichoso contrato sería corto, solo de dos años, y las tiradas de impresión también lo son, con lo que el suministros a librerías, incluso las grandes, es muy escaso. Solo con eso se ven las tendencias cortoplacistas de la editorial, así que lo hablé personalmente con el editor. Por su parte, todo fueron buenas palabras. Pero me pregunto si realmente será una oportunidad o si terminará siendo un gravísimo error. Sigo muy dubitativa.
Y por si fuera poco, resulta que estoy cambiando de PC, que es un lío monumental. Todo el proceso me aburre infinito, pero es lo que hay: necesito pasarme ya a Windows11. Mi pobre antiguo me enerva porque va lentísimo y a Windows 10 le queda poco recorrido; vamos, que no queda otra. Eso sí, me temo que tardaré. Ahora mismo tengo las dos máquinas abiertas y en proceso y no pasa nada. ¿Por qué no ir despacito? Verdaderamente, no tengo necesidad de estresarme, me digo. Pero, finalmente, me angustia ver que no avanzo.
Lo de siempre: que soy una agobiosa, como me decía Rodrigo.
He buscado una foto de la gran nevada, Filomena, y nuestro jardín. Estos últimos días de otoño siguen siendo muy agradables, con poco frío, escasa lluvia y hermoso sol.
Dicen los meteorólogos que el frío está a punto de llegar, no sé. Tenemos un clima extraño, con fenómenos inesperados y muy fuertes. Una DANA asoló Valencia de forma tan brutal, que todavía no se ha recuperado una normalidad aceptable, tras más de 200 muertes y muchísimos daños materiales. Y parece que vamos a seguir por ese camino de desastres, físico y políticos.
Tengo una respuesta editorial para mi tercera novela, aunque no sé si tendrán la mínima distribución necesaria. Pero es lo que hay. Dudo al respecto.
La Aso se nos lleva el esfuerzo de muchos días y mis rodillas siguen a medio gas, algo mejor, pero no recuperadas del todo. Me toca esperar hasta enero y una cita de médico, que no sé adónde me llevará.
La vida sigue, ahora con JC también jubilado, y aún no he conseguido volver a la rutina. Me parece que estamos de vacaciones. Unas largas vacaciones que me gustan mucho, pero que me están haciendo descuidar las tareas que antes tenía automatizadas. Él se ríe y dice que le encanta. Yo le contesto que por qué no. Y así la casa anda un poco descolocadita, y he perdido los ritmos anteriores, cuando él estaba trabajando.
No me quejo, es divertido. Y las rutinas volverán, mal que nos pese. Lo único que me sigue teniendo a mal traer son mis rodillas. Van mejor, ya no me duelen de forma tan aguda como en julio, pero ya no puedo andar como antes.
Festivales negros, tareas de la Aso, regreso a los cursos y a las reuniones, así van estos primeros días de octubre.
La vida, que sigue.
Ojalá todo sea calmo, que continúe así.
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