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La playa de San Lorenzo

Estamos al ladito de la playa, justo en la Escalerona. A casi dos kilómetros de la Semana Negra, preferimos quedarnos cerca de la playa y poder disfrutar de ella. Anoche, antes de dormir, nos acercamos.

Pasan coches, hay gentío, no es tan dulce como la de mi entrañable Santa Marina de Ribadesella. Y estaba en pleamar, no se veía ni un trocito de arena. Pero habrá otros momentos. Y no serán tan abigarrados como un domingo por la noche.

Iremos, vaya que sí.

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Día 8: en Gijón

Uno de los hermosos edificios de Gijón

Amanezco arrullada por gaviotas y el pasar de coches porque estamos en el centro de la ciudad.

El apartamento es agradable y lujoso, un estudio de una sola habitación, pero amplia y confortable. Hemos dormido con funda nórdica y las ventanas abiertas, una gozada de clima. En el pelo y en la piel se nota el alto grado de humedad, que están estupendos.

Ayer paseamos hasta el recinto de la Semana Negra. Me han asignado la Carpa del Encuentro y me sorprendió comprobar que es la grande. Jo. Ando un poco asustada, como si no hubiera hecho ya siete presentaciones. Aquí no tengo la apoyatura visual, pero creo que sobreviviré, media hora no es mucho. Tendré que resumir mi borrador de las anteriores. Ya lo he repasado tres o cuatro veces.

Me afecta. No me consuela decirme que estaré rodeada de amigos, que Monchu ha removido Roma con Santiago y habrá mucha gente buena apoyando, tengo un tantito de miedo. A estas alturas.

Me digo a mí misma que debo disfrutar de la ocasión, que no es de las que se repiten, pero la parte razonadora no siempre gana y llevo unos días alterada, con la angustia existencial activada.

Ha sido un curso duro y las emociones de la despedida y la jubilación se han sumado a las otras muchas novedades provocadas por la publicación del libro. Luego los viajes, que siempre me alteran, sumados a los de G y B, que anduvieron por aquí el fin de semana, terminaron de arreglarlo.

Espero ir recuperando la serenidad poco a poco

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Cantabria y Asturias

En media hora recogemos y nos vamos, pero no directamente a Gijón, como teníamos previsto. Nos pasaremos a ver a los primucos en el décimo aniversario de Manolo. Es una sorpresa para Cris que le ha preparado Verónica.

Es un honor acompañarles en este día.

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Día 6: encuentro familiar y más ciudad

G y B andan cerca, llegaron anoche y se van a un concierto a Gijón. Para haberlo sabido antes, no cuando ya estaban todas las reservas hechas, y podríamos haber coincidido allí. Pero nos vimos un ratito aquí en este apartamento leonés. Me ha hecho mucha ilusión poder darles un abrazo.

Un paseo vespertino es nuestra despedida de León. Sábado por la noche, todo está más lleno de gente, incluso hay un concierto frente a la casa Botines. Nosotros volvemos a sentarnos en los jardines del Cid. Hemos tenido esperar a que se pusiera el sol, pero ahora hace una temperatura estupenda.

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Día 5: la capital

Empezamos la caminata diaria llegándonos hasta la Casa Botines, de Gaudí, que volvió encantarnos, aunque no tanto como el palacio de Astorga.

No hay interiores como aquellos, pero también vale la pena echarle un vistazo a este edificio, por cierto mucho más cara la entrada.

Fuera, sentado en un banco, nos contemplaba una escultura del arquitecto, y después de un rato a su lado y de dedicarle una hora a la visita, bajamos caminando hasta San Marcos y luego hasta el río.

Llegamos a comer a nuestro apartamento, pollo asau con ensalada, buen menú, buen menú, buen menú, señor… De momento he vuelto a las bondades de la dieta, espero no haberla pifiado en exceso.

Había sido un paseo bien largo y estábamos cansados, así que dormitamos juntos JC y yo en el sofá.  Esta tarde habrá que salir de nuevo a la calorina, pero no demasiado temprano, por favor.

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Día 4: Sabero y la montaña minera

Un museo estupendo, en el que nos quedamos prendidos durante horas, nos entretuvo la mañana. JC me contó montones de cosas sobre fundición del acero, hay que ver cuánto desconocía yo, me quedé alucinada.

Subimos a comer a Riaño, donde me salté la dieta probando el pan y unas patatas fritas. A la vuelta tendré que ponerme las pilas otra vez. No importa, estaba todo muy rico.

Volvimos a León cansados pero contentos y yo nada estresada, porque evité los excitantes. Ahora, apenas las diez, me muero de sueño y me iré a la cama.

Esto de vacacionar es de lo más cansado.

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Día 3: Astorga, Ponferrada y Las Médulas

El palacio arzobispal de Atorga nos dejó alucinados, es una maravilla de Gaudí, por dentro y por fuera. Esta vez nuestro viaje nos llevó más lejos y yo sufrí un poco de estrés por tomar demasiada cafeína.

También nos gustó mucho el castillo de Ponferrada, del Temple, y casi morimos de calor en Las Médulas. Menos mal que hicimos tiempo hasta que el sol ya iba de retirada y nos echamos unas risas en la galería excavada en la montaña.

Regresamos a dormir agotadísimos. Entre el calor y la edad ya no somos los de antes.

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Segundo día en León: cueva y catedral

Salimos a las nueve, cuando todavía estaba la temperatura medianamente vivible y llegamos a la cueva de Valporquero a las diez, justo a la vez que los empleados. Así conseguimos entrar en la primera tanda, con un grupo de jubilados parlanchines, malvestidos con manga corta  y chanclas. Dentro de la cueva hay siete u ocho grados y una humedad altísima, debieron de pasar mucho frío. Nosotros, en cambio, estábamos bien equipados, con botas de montaña y un buen abrigo. Nos vinieron de perlas.

El camino de ida y vuelta fue tranquilo, de hermoso y variado paisaje, incluso atravesamos unas hoces, las de Vegacervera, y un último tramo de carretera de montaña, muy empinado y de curvas imposibles.

La cueva me encantó, era  grande, cuidada, con buena iluminación y muy buenos suelos . La guía también agradable, tuvo que apechugar con los ancianos pesadísimos y su locorrea incesante, pero supongo que le va en el cargo.

Volvimos al apartamento a comer, y por la tarde nos chupamos un calorazo espantoso. Nos refugiamos en la frescura de la catedral, del museo y del claustro anexos, pero en el regreso nos descubrimos extenuados.

Y es que tenemos unas temperaturas muy altas, inexplicables en esta ciudad, que nos agotan.

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Primer día en León

Hemos llegado a la hora de comer y nos hemos instalado enseguida. Hace calor y por eso retrasamos la salida a las calles hasta las cinco y media. No fue suficiente, picaba el sol camino del barrio húmedo. Nos sentamos un rato en el Parque del Cid, en el barrio romántico, y allí nos pilló una tormenta. Nos refugiamos bajo las ramas de un viejo cedro y no llegamos a mojarnos, aunque llovía muy fuerte, pero nos estuvimos media hora a pie firme. Tanta agua refrescó por fin el ambiente bochornoso, así que nos hizo una buena noche, menos mal.

Solo hemos echado un vistazo a la zona vieja de la ciudad. Caminamos de vuelta a nuestro apartamento y nada más llegar volvió a descargar otra chupa de agua considerable.

Mañana queremos cuevas: Valporquero se anuncia.