
Amanezco arrullada por gaviotas y el pasar de coches porque estamos en el centro de la ciudad.
El apartamento es agradable y lujoso, un estudio de una sola habitación, pero amplia y confortable. Hemos dormido con funda nórdica y las ventanas abiertas, una gozada de clima. En el pelo y en la piel se nota el alto grado de humedad, que están estupendos.
Ayer paseamos hasta el recinto de la Semana Negra. Me han asignado la Carpa del Encuentro y me sorprendió comprobar que es la grande. Jo. Ando un poco asustada, como si no hubiera hecho ya siete presentaciones. Aquí no tengo la apoyatura visual, pero creo que sobreviviré, media hora no es mucho. Tendré que resumir mi borrador de las anteriores. Ya lo he repasado tres o cuatro veces.
Me afecta. No me consuela decirme que estaré rodeada de amigos, que Monchu ha removido Roma con Santiago y habrá mucha gente buena apoyando, tengo un tantito de miedo. A estas alturas.
Me digo a mí misma que debo disfrutar de la ocasión, que no es de las que se repiten, pero la parte razonadora no siempre gana y llevo unos días alterada, con la angustia existencial activada.
Ha sido un curso duro y las emociones de la despedida y la jubilación se han sumado a las otras muchas novedades provocadas por la publicación del libro. Luego los viajes, que siempre me alteran, sumados a los de G y B, que anduvieron por aquí el fin de semana, terminaron de arreglarlo.
Espero ir recuperando la serenidad poco a poco