Publicado en 11-M, aniversarios, reflexiones

Tras los actos in memoriam

Con las flores que anuncian la primavera renacemos tras cada aniversario. Y con el lema que nos dejó Rodrigo.

Algo que hacer: la lucha diaria y su libro;
algo que esperar: las nuevas alegrías sencillas que siempre llegan;
alguien a quien amar: familia y amigos, y tantas personas buenas que nos rodean.

GRACIAS POR VUESTRO APOYO.

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El día después

He pedido mis dos únicos dos días de asuntos propios para sobrellevar estas fechas. Antes no me quedaba más remedio que solicitar un permiso por deber inexcusable y regresar agotada emocionalmente en las veinticuatro horas siguientes. Incluso una vez la Asociación me hizo un justificante de asistencia a actos institucionales.
Mis compañeros, en general, usan ese diminuto derecho, adquirido hace solo dos años, para alargar puentes y disfrutar mejor de las festividades. Yo lo he empleado en esto las dos ocasiones en que he podido disfrutarlo. En unos meses dispondré de mi tiempo con mucha más libertad.

Creía que el aniversario no me había afectado, pero hoy me siento agotada. Descansaré haciendo cosas creativas y mañana volveré a la rutina que tanto me arropa siempre

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«Quince veces 11M» por Rosa María Artal

Un gran agradecimiento a esta veterana y magnífica periodista por leer el libro de Rodrigo y dedicarle un artículo:

Quince veces 11M. Lo peor de la historia de España son los muertos que resurgen una y otra vez en el camino, los errores impunes de la política indeseable. Quince veces 11M. Así los va contando la madre de una de las víctimas mortales. Marisol Pérez Urbano, filóloga y profesora de literatura, publica una intrahistoria de los atentados del 11 de Marzo de 2004, en este nuevo aniversario. Su hijo, Rodrigo, de 20 años, cayó en Atocha, muerto en el acto.

El terror irracional mató e hirió con saña, el poder político manipuló y usó, algunos medios fueron cómplices y difusores. Lo tremendo es que todos esos factores siguen ahí.  Para los familiares de los fallecidos el dolor no caduca porque no caduca la ausencia ni las secuelas. Pero un fuerte componente de su sufrimiento sigue siendo pensar cómo el PP camufló sus responsabilidades manipulando la verdad. El temor para los afectados directamente y para cualquiera con conciencia es ver que siguen ahí, con sus tácticas, sin haber respondido a culpa alguna. La pérdida del poder durante dos legislaturas, a las que volvió sin regenerarse en absoluto.

El tratamiento de los atentados del  11M en Madrid es una de las más potentes páginas negras protagonizadas por la derecha española. En tiempos como estos, en los que se la relanza con grandes apoyos, conviene refrescar la memoria de sus mayores destrozos. El 11M lo fue. Y muchos, como dice Marisol Pérez Urbano, ni siquiera saben ya lo que pasó, tras haber sido sometidos los hechos a intensos procesos de lavado y lejía, tinte y vuelta a lavar.

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Quince veces 11 de marzo

Getafe el día 10. Hoy, Atocha y Téllez. Cada año parece que podemos con el asunto, que estamos serenos, que no nos afectan las fechas. Pero luego, por la noche, cuando llegamos a casa, sentimos un cansancio emocional infinito.

Sin embargo, seguiremos acudiendo. Por dignidad. Y por su memoria.

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QUINCE AÑOS

 Este nuevo aniversario se ha teñido de escritura con la publicación de tu libro, Rodrigo. Algo muy especial que, por contraste, acentúa la sensación de irrealidad que me asalta cuando se rompe la rutina.

Y me pregunto dónde están los tiempos de tu infancia, hijo, tus divertidas risas adolescentes, tus enormes, vitales, optimistas ilusiones juveniles, tus planes de futuro.

Todo se lo llevó por delante la maldad fanática de unos locos yihadistas. Y no hay nada que te pueda traer de vuelta.

Todavía me duele el alma de esperarte junto a la ventana, Rodrigo. Todavía me envuelve el frío del miedo de haberte perdido.

No importa que el día a día parezca haber domesticado el vacío de tu cama siempre hecha. De pronto, el hueco de tu silla huérfana, hoy, (quince años después, cómo es posible), resulta más evidente que nunca.

Y añoro el sonido de tu voz, tu risa franca, la huella de tus pasos y los gestos que acompañaban siempre tus conversaciones.

Y comprendo que se me quedaron demasiados abrazos pendientes. Que todavía necesito que me cuentes mil historias de las tuyas. Y compartir contigo viajes, y juegos, y canciones, y quedadas, y comidas, y…

Aún siento dolorosamente que me faltas tú, y no me conformo, y no me acostumbro. Se me multiplica todo el cariño que tenía que entregarte y se me quedó entre las manos, me desborda, se vuelve incontenible y me arrastra con él.

Quince años sin ti, pero siempre contigo.

No sé cuándo volveremos a vernos, hijo. Voy en tu busca, espero que salgas a mi encuentro. Te quiero.

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Nueva oleada feminista

De forma general, la convocatoria ha salido al menos como el año pasado, puede incluso que mejor. Esta mani, mi última como docente, también ha tenido una emoción añadida: la compañía combativa, llena de energía juvenil, de gritos, consignas y pancartas, de mis alumnas.

Ir y venir, la marea humana, los trenes atiborrados y el enfado que me produce la degradación del buenísimo transporte público que teníamos me dejaron agotada.

Salimos de casa a las cinco y media y regresamos a las diez. Manifa fueron dos horas; el resto, aproximaciones a Atocha, colas infinitas para conseguir billetes de máquinas que funcionaban mal, esperas larguísimas en los andenes, viajes asfixiantes apretados entre el gentío.

Llegué agotada. Y me dormí como un tronco en cuanto mi cabeza tocó la almohada.

Hoy nos espera una alegre reunión familiar. Estupendo para no darle transcendencia emocional al efecto aniversario.

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Se acerca el aniversario

Quince años sin ver a nuestro hijo, añorando su compañía, un montón de meses, semanas, días, horas y minutos de ausencia me esperan a la vuelta del fin de semana.

Las fechas tienen ese valor simbólico, que hiere y cura a la vez, que acercan el pasado remoto y lo transforman en este mismo momento presente.

Yo recuerdo como siempre a Rodrigo. Y puede que este año de su libro parezca que de forma especial. Pues claro, no es fácil conseguir una publicación, soy consciente de la suerte que me ha sonreído en eso.

Pero para mí, para mi corazón de madre, es como ha sido hasta ahora: le escribo para integrarlo en nuestra vida sin él, para que participe de lo que hacemos en su ausencia impuesta.

Y sé que nos acompaña.

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“Encontramos a mi hijo en Ifema a las 24 horas del 11-M” por Aurora Intxausti

Tuve con la periodista una entrevista emotiva y cordial. Muchas gracias.

El País

A Marisol Pérez Urbano (Salamanca, 1959) se le quebró la vida hace 15 años cuando un comando islamista decidió quitar la vida a 191 personas en Madrid. Entre ese número tan terrible está su hijo, Rodrigo, que salió un 11 de marzo de casa y ya nunca volvió. Marisol, su esposo, Juan Carlos, y el hijo pequeño de la familia, Gonzalo, han atravesado una montaña rusa de sentimientos, de dolor difícil de encontrar palabras para describirlo, de angustia sin consuelo, de querer cambiarse por ese hijo o ese hermano perdido. Situaciones en las que si eres una familia unida sales fortalecido y si hay algún tipo de fisura en las relaciones se rompen del todo. Esta profesora de Historia, que sin quererlo se vio formando parte de ella, optó por relatar en un libro Dinos dónde estás y vamos a buscarte(Indicios) la intrahistoria del atentado del 11-M. Aquella que viven las víctimas y que no figura en muchos libros.

¿Cuál ha sido el peor momento de su vida?

El 12 de marzo, cuando después de un día entero de angustia recorriendo centros hospitalarios y tal vez soñando que no había subido al tren, lo encontramos en el recinto ferial de Ifema. Fue desgarrador, la angustia se apodera de ti y cuesta articular palabras. Lo pudimos velar ocho horas pero todo fue tan rápido que era imposible asumir la realidad que se venía a nosotros como una losa. Sé, pero porque me lo han contado luego, que llevamos su urna al cementerio de la Almudena y que sus compañeros inundaron de claveles la tumba. Yo dejé una rama del pruno de casa recién florecido para que lo acompañase. El pruno sigue floreciendo y ahora está lleno de flores.

¿Por qué un libro 15 años después?

Cuando atraviesas un duelo como el mío te queda una sensación de vacío tremenda y me puse a escribir para dejar una memoria fiel de lo que había ocurrido desde el sentimiento de una víctima. Por revivir a Rodrigo y contar cómo era.

¿Cómo era?

Muy hablador, lector compulsivo, amante de las letras y las ciencias. Tan pronto hablaba de los agujeros negros como del curso de escritura que había visto y que le parecía interesante. Era un viajero curioso, un chico de 20 años que estaba en la universidad y que tenía todo por hacer.

¿Tiene algo que reprochar a los políticos?

No haber estado a la altura de las circunstancias. Utilizaron a las víctimas y mezclaron tantas versiones sobre lo ocurrido en aquellos días que sembraron en nosotros la duda y la confusión en unos momentos en los que los familiares estábamos rotos. Se dieron tantas versiones sobre lo ocurrido que fue trágico para los afectados.

¿Ha superado el duelo?

Como proceso psicológico sí, pero la pérdida de un hijo no la puedes olvidar jamás, aprendes a vivir con el vacío, pero nada más. Además, no puedes ir contando tus penas porque hay mucha gente que te entiende pero hay otra mucha que te prefiere que te alejes como si el dolor fuese contagioso.

¿Han acudido a muchas sesiones de terapia?

No es fácil verbalizar la muerte de mi hijo como yo lo hago ahora después de 15 años. Hemos trabajo con todo tipo de víctimas desde terrorismo a violencia de género. Y para cada uno lo que le ha ocurrido es terrorífico. El dolor no es cuantificable. Y la solidaridad y el apoyo son fundamentales para ir caminando por el túnel que tienes que atravesar hasta que después de mucho tiempo encuentras una luz que te induce a pensar que el principio del fin está cerca.

¿Escribir ha sido terapéutico?

En cierto sentido sí, pero también terrible porque he vuelto a revivir cada uno de los momentos por los tuvimos que pasar. He atravesado mentalmente por esas situaciones angustiosas en las que la familia se vio envuelta. Había cosas que necesitaba contar rápido para que el dolor no me atenazase y me obligara a parar. He llorado mucho leyendo mis propios textos. Todavía hoy retumba en mi mente el mensaje que le mandó Juan Carlos a mi hijo: “Dinos dónde estás y vamos a buscarte”. Y que no tuvo respuesta.

¿Quién encontró a Rodrigo?

Su padre, volvió con el rostro desencajado, diez años más viejo y la mirada perdida. Ahí me di cuenta que en ese momento tenía que tirar de la familia. Y el turnarnos en el sufrimiento es algo que hemos estado haciendo durante todo el proceso de duelo: una especie de rotación tácita del liderazgo emocional.

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Segunda presentación

En La Casa del Libro nos reunimos casi cien personas para hablar de Rodrigo. La presencia de tantos compañeros, familiares y amigos me emocionó.

JC hizo lo imposible para que pudiera verse la presentación y buscó un cable por medio barrio, los buenísimos amigos de Rodrigo le citaron y nos acompañaron amorosamente, llegaron de mil lugares compañeros de trabajo, de la Asociación. Incluso pude darles un abrazo a Atonio P. y a mi querida Solateras, ambos solo amigos virtuales hasta entonces.

Otra vez millones de gracias a todos.

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Cuatro días de desconexión

Un viernes y un lunes junto al fin de semana hacen una parada, espero que suficiente, tras los exámenes. Ya que este año la semana santa es tan tardía, y ya que el mes de junio es de exámenes extraordinarios y repasos, no nos van a coincidir nunca más las evaluaciones con los trimestres.

La primera fue a finales de noviembre; la segunda, en febrero; la tercera, en mayo. Lo más equilibradas que podemos, de once o doce semanas en cada una.

Y de pronto me encuentro con que empezamos la última evaluación. Cómo pasa el tiempo. Cómo pasa la vida. Tan callando.

Yo aprovecho estos días para acudir a algunas entrevistas por el libro de Rodrigo. Luego supongo que el asunto irá decayendo, pero ahora estamos bastante ocupados. Se me juntan mil cosas de toda índole, pero de momento las voy resolviendo discretamente. Piano, piano, que dice el refrán.

Lo único malo es que duermo poco. Tendré que echarme un rato esta tarde.

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Un palco para cinco

Esta tarde volvimos al teatro. Después de unos meses de locura con la enfermedad de Ela, la boda, la corrección del manuscrito, la publicación, el día a día del trabajo ya lo echábamos en falta.

Y nos reímos de lo lindo. No porque fuera una comedia, pues era un drama a lo Romeo y Julieta. West Side Story nos ganó el corazón, pero también las circunstancias.

No recuerdo por qué yo había conseguido un palco con un descuento considerable (una oferta que me llegó en algún momento). Lo curioso, y que no recordaba, fue que estaba catalogado como Vip y añadía una botella de cava 🥂.

Fue una sorpresa, una emoción y muchas risas. Una gran tarde con mi hermana, JC, Gonzalo y Bea.