
De forma general, la convocatoria ha salido al menos como el año pasado, puede incluso que mejor. Esta mani, mi última como docente, también ha tenido una emoción añadida: la compañía combativa, llena de energía juvenil, de gritos, consignas y pancartas, de mis alumnas.
Ir y venir, la marea humana, los trenes atiborrados y el enfado que me produce la degradación del buenísimo transporte público que teníamos me dejaron agotada.
Salimos de casa a las cinco y media y regresamos a las diez. Manifa fueron dos horas; el resto, aproximaciones a Atocha, colas infinitas para conseguir billetes de máquinas que funcionaban mal, esperas larguísimas en los andenes, viajes asfixiantes apretados entre el gentío.
Llegué agotada. Y me dormí como un tronco en cuanto mi cabeza tocó la almohada.
Hoy nos espera una alegre reunión familiar. Estupendo para no darle transcendencia emocional al efecto aniversario.