
En los aniversarios redondos, décimo, quince o veinte, por nuestra propia y triste experiencia, se evidencia que las víctimas del 11-M tenemos más impacto mediático.
Lo cierto es que nos pasa factura emocional, pero también que lo soportamos todo porque queremos memoria, justicia y reparación. Aunque resulte difícil. En mi caso, he tenido que volver a tomar melatonina para dormir, y no descarto necesitar algún Lexatín si la ansiedad sigue subiendo. Y aún quedan dos semanas 🙁
Esta vez espero de todo corazón que se hayan enterrado para siempre las teorías conspiranoicas. Han contribuido a ello dos documentales de Netflix y de Amazon, y varios libros de F. Reinares y de V. Sampedro Blanco.
Supongo que seguirán existiendo locos, o aprovechados, que continuarán diciendo estupideces. Pero ya en su burbuja de negacionistas de temas variados, simples nerds de sus manías.
Lo que va a costar es que la gente deje de pensar que «algo raro» pasó y no se ha contado. Eso ha conseguido la propaganda machacona. Malditos sean los que la propagaron y mantuvieron tanto tiempo.









