No sé qué va a pasar con el libro de Rodrigo. Creo que se ha agotado la edición y no parece que quieran reeditarlo. Ya contaré qué sale de todo ello. Aún quedan dos años de contrato, pero me temo que ahora mismo solo está disponible en digital.
Melancolía y miedo, nada es para siempre. Me duele la situación.
Tempus fugit, se me pasan los días a veces tontamente, no haciendo nada de verdad productivo. Me disculpo a mí misma con la excusa, solo a ratos cierta, del exceso de estrés del aniversario.
Entonces me prometo ser más productiva, aunque, poco después, me doy más margen para la recuperación. Ansiedad y tendinitis hacen mala mezcla, me digo. Tal vez me estoy exigiendo demasiado y por esa causa no termino de sofocar ninguna de las dos dolencias.
Luego me avergüenzo de mis razonamientos de floja y me juro que seré más dinámica, caminaré más largo, comeré menos, haré lecciones contundentes de italiano y escribiré más líneas cada día.
Y en esa trama medio existencial me ando moviendo estas semanas post-aniversario 🙂
Nos hemos quedado en casita a ver si así recuperamos la serenidad perdida.
Llueve. Estudio italiano en duolingo. Y releo el libro de Víctor Sampedro para tener más claro qué decir en la presentación en que me ha invitado a intervenir. Tendría que haber sido Pilar, me digo cada poco, pero recojo el guante. Y lo haré por ella. Y por Rodrigo. Y por todos.
Se pasan los días no haciendo mucho, lo suficiente para recobrarnos despacito. G se fue a Alicante. Me encanta que le guste tanto la casita de mi padres. JC y yo vamos poco, menos mal que él sí.
Llueve. A ratos sale el sol. No hay melancolía, solo cansancio. Y ganas de recobrar fuerzas, porque abril también se anuncia pleno de actividades.
Me cuesta escribir aquí, ya empleo todo mi esfuerzo en mantener al día las dichosas redes sociales, y cuando por fin termino, ya no me apetece volver a contar cosas en esta bitácora. De hecho, he usado la misma imagen para los tres blogs. Economía de subsistencia.
Aún me quedan compromisos. Qué cansancio.
No hay término medio: o el más completo abandono, o la exposición excesiva.
En fin, lo bandeamos como podemos. Las víctimas de otros sucesos menos llamativos (enfermedades o tráfico, por ejemplo) dicen envidiar nuestra visibilidad. Qué tremendo. Cómo es la naturaleza humana.
En fin, seguimos como podemos, arrastrando ansiedad y desgaste. Ojalá sirva para mejorar la situación de los afectados (los nuestros y los de todas las situaciones). Para que no se tergiverse lo sucedido, se nos deje de usar como arma política y se ayude a los que todavía lo necesitan, que son muchos.
En los aniversarios redondos, décimo, quince o veinte, por nuestra propia y triste experiencia, se evidencia que las víctimas del 11-M tenemos más impacto mediático.
Lo cierto es que nos pasa factura emocional, pero también que lo soportamos todo porque queremos memoria, justicia y reparación. Aunque resulte difícil. En mi caso, he tenido que volver a tomar melatonina para dormir, y no descarto necesitar algún Lexatín si la ansiedad sigue subiendo. Y aún quedan dos semanas 🙁
Esta vez espero de todo corazón que se hayan enterrado para siempre las teorías conspiranoicas. Han contribuido a ello dos documentales de Netflix y de Amazon, y varios libros de F. Reinares y de V. Sampedro Blanco.
Supongo que seguirán existiendo locos, o aprovechados, que continuarán diciendo estupideces. Pero ya en su burbuja de negacionistas de temas variados, simples nerds de sus manías.
Lo que va a costar es que la gente deje de pensar que «algo raro» pasó y no se ha contado. Eso ha conseguido la propaganda machacona. Malditos sean los que la propagaron y mantuvieron tanto tiempo.
Después del Getafe Negro y la Vallekas Negra, voy consiguiendo un hueco en otros festivales: como siempre, con el nuevo director también, en la Semana Negra de Gijón; pero añado la Lloret Negre, y la Vitoria Negrasteiz. Quizás salga alguna cosa más, no lo sé, aunque no será por falta de esfuerzo.
No pudimos viajar los tres y lo hemos echado en falta, pues las fiestas resultaron tan frías y solitarias como augurábamos. Pero no es cosa de quejarse, porque estuvimos juntos. Siendo demasiado pocos, eso es tristemente innegable, pero aun así juntos. Y nada es más importante.
Estamos fuera de rutina todavía, aunque hayamos superado con creces la fiesta de los Reyes. A ver si logramos conquistarla.
Mejora mi tendinitis, voy anunciando mi participación en la Vallekas Negra, y solicité otros festivales, por si alguno más es posible.
Escribo desde la buhardilla, con un resfriado incómodo (menos mal que no muy fuerte) y el a/a a tope porque hace frío. Hay hielo sobre la hierba del jardín y sobre las carrocerías de los coches, no invita a salir, aunque voy a hacerlo para comprar las últimas cosucas de fin de año.
Estaremos solos JC y yo. G se queda en su casa o se va a una fiesta, no recuerdo. No somos de hacer jolgorios, será una cena normal.
Y se acabará 2023. Y vendrá 2024, que ojalá no sea malo.
Llevo unos días rarunos, con mi tobillo en alto y la tendinitis peor. No me daban cita con el fisio habitual hasta finales de enero, así que me he agenciado uno por mi cuenta y con una sola sesión he notado la mejoría necesaria para bandearme mejor. Con un bono de cinco sesiones aguantaré hasta que pueda acudir al habitual, que me cubre MUFACE. Y así voy resolviendo.
Esa lesión nos está impidiendo otros planes viajeros, como ir a Roma con Gonzalo entre Nochevieja y Reyes. Una lata. JC tendrá vacaciones desde el día 22 hasta mediados de enero, las que no disfrutó a lo largo del año y que debe agotar si no quiere perderlas. Ya veremos si podemos hacer algo especial, o no 🙁 los tres juntos. Aunque salir a comer alguna cosa rica, seguro que sí.
Y aquí estoy, en la buhardilla, actualizando la bitácora con las últimas anotaciones de Egipto, y pergeñando nuevos capítulos para mi proyecto 5.
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