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Nostalgia y querencia

Hoy G puede ir volviendo a la normalidad, ya no requiere continuo acompañamiento. Todavía necesita muletas, pero puede caminar bastante. Y debe hacer rehabilitación para recuperarse de la rigidez adquirida. Eso significa que ya no pasaré con él las siguientes mañanas.

Tampoco fueron muchas, realmente solo tres. De martes a jueves. Y las disfrutamos juntos charlando y viendo pelis. Estuvo bien, fue un regalo inesperado. Me alegra mucho estar tan cerca y poder ayudarnos así.

Hoy volvemos a la rutina de antes con una novedad. Coche nuevo. Cambiamos a Gordito por un SUV híbrido y automático. Me tocará reaprender a conducirlo, después de 18 años de diésel 4×4. De momento, a falta de la primera impresión visual, pensaba llamarle Felino. Iré contando

Me da penita, nostalgia del paso del tiempo que ese coche marca, de los seres queridos que lo conocieron y no están, de los eventos frikis a los que viajamos con él, de las aventuras que corrimos juntos. Echaré en falta ir tan arriba, tan alto, ver tan lejos desde la atalaya de su silla de conductor de trailer. Voy a añorar su color, la personalidad extrema de su ya vieja y gastada carrocería, la palanca de cambios y la reductora, la rueda extra colgada en el portón trasero, y el frontal que le da ese porte de gafas tan de la familia.

Tonterías, nostalgia tonta. En breve escribiré sobre las novedades de Felino, seguramente.