Publicado en reflexiones

Mediados de agosto, calor extremo

Son las siete de la mañana y ya hay 27ºC. Dicen la previsiones que hoy será el día más caluroso de la ola que nos viene afectando desde el jueves. La noche ha sido tropical. Resistimos gracias al aire acondicionado. Y a que la casa tiene buenísimos aislamientos.

Escribo poco, me siento espesa con esta calorina. Pero lo hago. Para no perder comba, ritmo, costumbre.

Soñé que bebíamos sidra en Asturias, rodeados de amigos. El subconsciente me da lo que no tengo. Seguimos aislados, solos, casi recluidos. El bochorno no invita a salir.

En diez días G cumple treinta y siete. Y hace treinta que vinimos a vivir a esta casa y a este barrio. tengo sesenta y dos, me digo a menudo, para no olvidar quién soy y que ya enfilo la última fase vital.

He abierto todas la ventanas de la casa y no circula ni un poquito de aire. Al menos que ventile, me digo. Las cerraré enseguida.

Así es el verano. No me quejo. Estamos bien, que es lo importante.