Publicado en reflexiones

Agosto 2021

En cierto modo, esto podría aparecer en mis dos novelas B72 y B81

Todavía me resulta rara nuestra nueva costumbre de no salir de vacaciones en verano. Solo la hemos vivido estos dos últimos años. El caso es que la ciudad, el barrio, la calle se vuelven extraña y agradablemente silenciosos. Para nosotros, que huimos de las multitudes, es estupendo. La verdad es que no echamos en falta las playas, por escasa o nula costumbre de baños y esas cosas veraniegas. Por no hacerlo, ni pisamos la piscina comunitaria, que está en la calle de al lado. Se nos olvida. A veces me digo que debería hacer el esfuerzo. Luego me contesto a mí misma que para qué.

Ahora, además, playas y piscinas están bastante abarrotadas. Y más aún con las restricciones de la pandemia. Bueno, el caso es que JC trabaja (teletrabaja varios días por semana), y que en septiembre tenemos cosas que hacer aquí, así que no vemos posibilidades de salir un poco hasta octubre o noviembre. Me pregunto qué pasará entonces con la COVID-19 y cómo estarán las regulaciones. Tiempo al tiempo.

He mandado mi manuscrito de B72 a varias editoriales. De una ya me han contestado que no es lo que buscaban. No tengo prisa. Voy escribiendo B81 y además tengo en mente una breve guía didáctica de lectura para Nina, aunque apenas la he empezado.

Poco más puedo contar. Voy aprendiendo que vivir es esa serie de sucesos sencillos e intranscendentes (por favor, no necesitamos de los impactantes), esta serie de pequeñas alegrías y pequeñas decepciones. Sin más. Y las asumo y disfruto todo lo que puedo.