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Mis modestos éxitos literarios

Ayer recibí un mensaje electrónico en el que me informaban que Nina era finalista en un concurso. Les escribí al instante que ya tenía el texto comprometido.

Se trata de una editorial indie, que busca así sus manuscritos anuales. Estoy nominada con otros cuatro títulos. A saber si podría haber ganado o no. El premio para el primer puesto es la publicación y un pequeño anticipo. Las malas lenguas de las redes sociales hablan de coedición y crowfunding en los otros finalistas. Me inscribí sabiéndolo y pensando no aceptar si acaso las condiciones no interesaban. Pero nunca llegué a imaginar que pudiera salir elegida. Es una experiencia que me impacta y gestiono como buenamente puedo.

Porque me sentí a la vez respaldada como escritora, pero, también, comprendo que es una suerte que no se presenta a menudo. Después les escribí renunciando a seguir en el certamen y con el agobio de no haber recibido aún el contrato firmado por mi editora jefa. ¿Y si se había arrepentido en el último momento?

Le pregunté a mi editor. Me aseguró que lo habían enviado. Y, finalmente, menos mal, ya llegó, a última hora de la tarde. Respiré tranquila. Ha tardado diez días. Correos no va nada fino, claramente.

Luego subí a la buhardilla y escribí de nuevo a las editoriales a las que también había enviado el manuscrito para decirles que ya lo tenía apalabrado. No quería pasar por eso otra vez. Y no se entienda como muestra de presunción, sino para evitar un nuevo ataque de pánico.

Cómo es la vida. Pensaba que mi pobre y humilde primera novela no le iba a gustar a nadie. JC me dice que no debería ser tan crítica. No sé ya qué pensar. Solo siento que voy por buen camino, que es señal de que debo seguir trabajando en mi tercera novela. Y de que ya en enero tengo que luchar por la segunda. En cuanto se libere, porque está en un concurso de los que sí exigen exclusividad y no puedo moverla hasta su resolución.

Sin prisa, pero sin pausa. Menudo espaldarazo. Siento como si me acabaran de nombrar Caballero de la Orden de los Escribidores. Ah, no. En mi caso, nada de caballero. Mejor, Guerrera Oficial.

Estoy muy agobiada, es mi estilo. Pero también agradecida y feliz 🙂