Publicado en reflexiones

2 de noviembre de 2020

Hoy, que es festivo por traslado del día de ayer, hemos quedado con G para alguna tarea en su casa y luego con B, que trabaja por la mañana, para comer en la nuestra. Haré su comida favorita: pulpo, aprovechando que tengo uno congelado.

Madre mía. Hace un año estábamos en Alicante, compartiendo el puente con mi hermana, y celebrando mi jubilación. El álbum de fotos del móvil me recuerda imágenes de entonces. Parece que fue hace siglos, en otra vida.

Escribo unas líneas más y vuelvo a mi libro electrónico. Me costó Dios y ayuda leer Matar un ruiseñor, y resulta que apenas he sabido cuál sería la lectura siguiente, me he lanzado con ella y la tengo casi terminada. No sé quién las elige, pero El planeta de los simios es bastante más entretenida y parece muchísimo más moderna, siendo también de 1960. No por saber el argumento de antemano se rompe el interés. La novela mantiene la tensión todo el tiempo, aporta detalles que no salen en la película y, francamente, la estoy disfrutando. Menos mal, porque con la de Harper Lee tardé siglos y fue una tortura.

JC está a punto de terminarse Hasta nunca Peter Pan. Se la ha leído en un pis pas y quiere que le pase esta última de ciencia ficción también. Le encanta refugiarse en el porche y su comodísimo sofá para leer. Lógico, es un lugar muy agradable, luminoso, soleado y con hermosas vistas. Habrá que aprovechar el solecito del día de hoy y la tranquilidad del día de fiesta, porque mañana tendremos de nuevo la matraca de la obra vecina y volverán las lluvias.

Empezamos noviembre. A ver qué tal van las cosas.