Publicado en artículos de opinión, reflexiones

Miércoles, día 232 de Pandemia

«Martes, día 231 de Pandemia. España alcanza el mayor número de fallecidos en la segunda ola. Varias comunidades superan sus peores registros de contagios. Aumentan la presión hospitalaria y el colapso sanitario. El exceso de muertes supera las 9.000 desde principios de septiembre. La pandemia repunta en toda Europa. Se anuncian confinamientos autonómicos y nuevas restricciones. Los expertos avisan de que nos vayamos despidiendo de la navidad, y algunos operadores turísticos dan por perdida la próxima semana santa. Los ensayos para una vacuna van rápidos pero no la esperemos antes del verano. La policía denuncia cientos de fiestas y botellones en la primera noche de toque de queda. Crece el número de parados. Empeoran las previsiones económicas. Decenas de dirigentes políticos se reúnen en una lujosa cena en Madrid. «

Así empieza un artículo de Isaac Rosa que me parece un muy buen resumen de lo que pasa y por eso lo copio. Junto con el cómputo, que me quedo como titular para este post. Jopletas, 232 días hoy.

Pero luego sigue con un optimismo que me anima: que no todos los políticos son iguales, porque «los hay que no dan espectáculo, bronca ni portadas, y que a cambio llevan meses durmiendo poco, sin apenas vacaciones, escuchando a quienes saben del asunto, cambiando prioridades y destinando recursos en el ámbito de sus competencias.

Que «hay además miles de trabajadores públicos que nos están salvando.» Los sanitarios, los trabajadores del sistema educativo, los de las fuerzas de seguridad, que tienen la labor más ingrata pero también hay que reconocerles en un año tan conflictivo. Y muchos otros trabajadores públicos que están sosteniendo unas administraciones sometidas a una tensión sin precedentes.»

Que «están también todos aquellos trabajadores que ahora llamamos «esenciales» y que llevan meses en primera línea de pandemia, normalmente acompañando el riesgo de contagio con unas malas condiciones laborales. (…) «Echen un vistazo alrededor, a toda esa gente responsable que seguro conocen. (…) Frente a esa imagen de país frívolo y temerario, lo que más veo es gente que respeta las normas sin tener un policía encima, que sigue las recomendaciones todo lo que sus circunstancias se lo permiten, que va a acumulando planes aplazados para «cuando pase la pandemia».

«Y los que ya nos cuidaban y nos salvaban antes de la pandemia, y ahora no faltan: todos aquellos colectivos, organizaciones, sindicatos, asociaciones vecinales, redes comunitarias tradicionales y otras nuevas, que estos meses no han parado de ayudarse unos a otros y a los demás, repartiendo alimentos, asegurando cuidados, organizando redes de solidaridad, acompañando soledades, denunciando necesidades, buscando recursos»

(…) «Por debajo de esa imagen de país fallido, arruinado, de gobernantes incapaces y ciudadanos irresponsables, yo me quedo más con todas esas personas que en distintos frentes están consiguiendo que, en medio de una pandemia descomunal que golpea a tantos países y ante la que hay aún tanta incertidumbre, estemos mal pero no peor. Que no es poco. Ahora llámenme ingenuo si quieren.»

«Si no les vale para acostarse hoy un poco menos pesimistas, ahí va un bonus track: los mejores investigadores, laboratorios, universidades y centros de investigación de todo el planeta están trabajando incansablemente por conocer mejor el virus, frenar los contagios, desarrollar remedios y vacunas. Y en muchos casos lo están haciendo de manera colaborativa, intercambiando información y experiencias, un gigantesco cerebro colectivo como no se ha visto otro igual en la historia. Tardarán más o menos, pero lo conseguirán.»

Hoy quiero empaparme de esa energía maravillosa.