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Tercera semana de vacaciones

Los días en casa son tan sencillos que la monotonía los ensombrece y se recuerdan poco y mal. Pasan sin pena ni gloria, anodinos, demasiado sosos como para crear recuerdos especiales.

Por esa razón parece que los transcurridos en Extremadura de la primera semana fueron muchos, y estuvieron plenos de cosas que contar. Aunque solo fuera conducir unos kilómetros, pasear ciudades diferentes, ver sus monumentos, sentir el sol y el aire en la cara.

Los nueve días posteriores, los que llevamos en casa, que solo hemos hecho rutinas, se han pasado en un suspiro. Y esa es la prueba de que salir sirve para mucho más que entretenerse. Es primordial para ralentizar el tiempo, y para cargarlo de contenidos nuevos, pero también para enfrentar al cerebro a estímulos variados, que lo mantengan ágil. Siempre digo que lo cotidiano arropa el espíritu cuando hay exceso de actividad. Pero, por el contrario, las acciones excesivamente monótonas embrutecen el intelecto, el cuerpo y el alma.

Es difícil dar con el término medio. Nos faltan las actividades culturales de otros tiempos: el teatro, los museos, las exposiciones… Y las quedadas sociales. Claro que todo eso se nota. Salir a pasear mañana y tarde, disfrutando del buen clima, es lo único reseñable y diferente de estas últimas jornadas. Poca, poquísima, cosa.

Pero no me estoy quejando. Estamos cómodos y contentos en nuestro mundo particular. La situación epidemiológica empeora mucho, por lo que no es que no nos atrevamos, es que nos resulta muy inadecuado plantearnos nuevas escapadas. Y tampoco tenemos ninguna idea vacacional frustrada sin cumplir.

JC aprovecha las horas de asueto para un juego que antes no se atrevió a empezar y ahora está disfrutando mucho. Compartimos, además, lecturas y series. Y es agradable disfrutar de la mutua compañía y de no tener obligaciones. Para nuestras humildes pretensiones, más que suficiente.

Y en cuanto a mis nuevos retos para este curso 20-21, ¡me han concedido el curso de narrativa de la Fundación de Poesía José Hierro! Empezará a mediados, en dos semanas, así que estoy muy contenta. Son tres sesiones mensuales, tres lunes por la tarde, alternando presencialidad y distancia. Cerca de casa y con un profe novelista experimentado, docente en la UAM y en Hotel Kafka.

Entiendo, entonces, que por su parte no va a haber ningún problema. Me refiero a que tiene experiencia docente y escribidora. Lo fui a ver a la Fundación hace unos meses, cuando dio una conferencia durante la semana negra de Getafe y me pareció interesante.

Otro asunto es el de los compañeros. Como siempre sucede, me temo que el conjunto del alumnado será lo que puede chirriar. Sobre todo si hay exceso de egos, o piques, o niveles muy dispares. Pero eso se lo encuentra una en cada curso que empieza. Ya lo he sufrido en bastantes ocasiones.

Sigo subiendo vídeos al canal, pero tengo orillada aún la escritura de la novela. No me agobio, la estructura me convence ya por fin. Y solo me falta lanzarme. Sin embargo, sigo disfrutando de cierta relajación de vacaciones. Solo un poquito más. Prometido.