
Hoy es el viernes de la segunda semana de las vacaciones de JC. Tuvimos el arrojo de viajar un poquito en la primera, no muy lejos y con las debidas precauciones. Pero no nos atrevemos a más, no están las cosas como para hacer turismo.
Ni siquiera nos planteamos una escapada a Alicante, que sería ir de casa a casa. Así que seguiremos medio confinados, saliendo poco y comedidamente, sin vida social, sin cines, teatros, museos, restaurantes… Nos conformaremos con ver solo un ratito a G cada seis o siete días, como llevamos haciendo todo el verano.
Hoy habrá anuncio de nuevas restricciones en la Comunidad de Madrid, tardías y me temo que no demasiado eficaces, pero es lo más que se atreven a hacer los neocón. Esperan que, si la cosa se pone imposible, sea el gobierno central el que cargue con las decisiones duras. Intentan no parar la economía sacrificando a la gente, y no están consiguiendo lo primero, aunque sí se están llevando por delante a los más desprotegidos.
Toman medidas chapuceras y baratas para paliar lo mínimo, porque no quieren revertir su desmantelamiento sistemático. Desean aprovechar la pandemia como ventana de oportunidad para conseguir un trasvase grande hacia lo privado, por lo que reforzar los servicios públicos sería un atraso imperdonable. Aseguran que los mejorarán, no tienen el coraje de decirlo a las claras, pero a cuentagotas, hasta que se les pierde la pista. Prometen cientos de rastreadores o de médicos y enfermeros o de profesores que nunca incorporan, que fingen no encontrar. Y, por supuesto, a los pocos que contratan les pagan cantidades irrisorias y por cortos periodos de tiempo. Nada que suponga plantillas, consolidaciones, estructura laboral.
Hay que ser muy caradura para inaugurar a bombo y platillo un dispensador de gel en cincuenta, que no todas, las estaciones de metro. A estas alturas de pandemia. Pues eso han hecho. Imagino lo que se habrán reído, a espaldas de la gente. Hay que ser muy lerdo y/o muy sectario no solo para tragar con semejantes individuos y semejante gestión, sino para defenderlos. Pero esos votantes idiotas, en el perfecto sentido griego de la palabra, lo son hasta las trancas.
Ha llegado el frío del otoño. Hace tanto viento, que se oye cómo crujen las persianas en sus raíles. Ayer chispeaba suave en la zona, pero hubo lluvias torrenciales en otros puntos de Madrid. Hasta el punto de que se inundaron algunas estaciones de metro. Ese fue el estreno de los dispensadores de gel, manda narices. Vi imágenes vergonzantes del suceso.
En fin, vuelven los malísimos tiempos para la lírica. Son las seis y media, leeré un rato.