
Por primera vez en mi vida empieza este mes y no tengo que ir a clase. En 2019 solo fueron unos días, pero este extraño 2020 resulta que no. Y ni se me ocurre acercarme a saludar, no conviene exponerse inútilmente.
Sin embargo, aprovecho la experiencia acumulada de recomenzar y me lanzo de nuevo a la escritura. Luego, dependiendo de posibles asuntos urgentes de JC, organizaremos las vacaciones y alguna salida esporádica. Este año nada de viajes largos a lugares lejanos.
Después del cursito sobre novela policíaca al menos creo que me siento menos perdida en la organización de la trama secundaria y negra que necesito para mi tercer proyecto. Estas semanas me sirvieron para concretar detalles. Ahora tengo que cuadrar una buena estructura.
La trama principal está definida desde junio, era esta secundaria la que no sabía cuánto desarrollar. No quiero que se apodere de la otra. Tampoco que se quede en el aire, apenas esbozada, ni mucho menos que resulte inverosímil. Ahí está mi lucha. Aún tengo que darle unas cuantas vueltas, todavía no me convence del todo.
Una vez conseguido, podré incluirla en la susodicha trama principal. Pero eso lo que menos claro tengo. Mecachis. Y no sirve de mucho lanzarse a escribir si no está. Así que mi tarea de hoy es rehacer estructuras hasta que dé con una que me convenza.
Son las siete menos cuarto. Hace frío porque nos visita una ola polar y está totalmente oscuro porque el otoño se acerca. Buenos días.