Publicado en reflexiones

Miércoles 2 de septiembre de 2020

Me pasé todo el día de ayer luchando con la estructura de mi tercer proyecto. Creo que va ya bastante bien encaminado. Hoy me propongo repasarla, bastante convencida de que pronto me pondré a escribir los siguientes capítulos. A mi ritmo, sin tener que esperar semanas, o rellenar fichas exhaustivas e innecesarias, como tuve que hacer durante el curso de marras.

He aprendido alguna cosilla, sin embargo, de esas actividades veraniegas. Más por reflexiones propias, que por transmisión de conocimientos, todo hay que decirlo. Y más cotilleando en los foros, que buceando en los escasos apuntes teóricos.

Pero, bueno, al menos tengo resueltos asuntos tópicos del género: motivos, medios y oportunidades; sospechosos, coartadas y doble realidad; diferentes tipos de pistas, obstáculos y errores; interrogatorios, investigaciones y explicaciones lógicas… Y un largo etcétera.

Me habría gustado aprender un poco más de la teoría, pero está tan diluida entre actividades chorras que me desesperaba en exceso. Intenté apuntarme a otro curso de la misma profe, en el que supuestamente el alumno puede ir a su ritmo. No obtuve respuesta. Mal rollo que añadir a su estilo displicente. No quise exponerme más a esa laxitud suya, a esas desapariciones durante días y días, a sus lecturas en diagonal y sus escasos y a menudo inatinados comentarios. Por cierto, no creo que por falta de conocimiento, sino de tiempo, ganas o ambas cosas a la vez.

Darme el verano de margen también ha sido fructífero. Vuelvo a decirme a mí misma que no necesito agobiarme, no hay prisa. Mi proverbial tendencia al estrés me condiciona en ese sentido. Yo solo tengo que disfrutar del proyecto escribidor y cada una de sus fases. Ahora toca el proceso de construcción de la trama, bienvenido sea.

Por último, añado que conseguí renovar mi certificado electrónico de Camerfirma. Después de meses intentando el de la FNMT sin éxito, fue sorprendentemente fácil. Lo pedí por email, me acerqué a un Registro de la Comunidad de Madrid, (con cita previa, eso sí), donde acredité mi identidad, y lo recibí en el mismo día y en el mismo correo electrónico. Luego en casa instalé el certificado sin problemas, comprobé que funcionaba y que me lo siguen proporcionando también ahora como pensionista.

Gracias a eso, ayer, por fin, entonces, pude inscribir mi segunda novela en el Registro de la Propiedad Intelectual de forma telemática. Y puedo volver a ver mis recibos de nómina y hacer cualquier gestión administrativa desde mi ordenador. Tiene una validez de cuatro años, hasta el 30 de agosto de 2024.

Nada más por el momento. Seguimos con la ola polar, agradecidos por la bajada de temperaturas. Hasta luego.