Sigo escribiendo cada fecha y sorprendiéndome de la rapidez con que pasa el tiempo. Son las siete, JC se ha marchado al trabajo y yo me siento afortunada de poder disfrutar del día sin más obligaciones que las que yo misma me busco. Leo, escribo, veo vídeos, me enrolo en cursos on-line, salgo de compras o de paseo…
Estoy en un nuevo universo de posibilidades fascinantes y me sé muy capaz de muchas cosas que me ilusionan. Aún no termino de asimilar la suerte que tengo, no trabajo y me pagan. Ya sé que eso es jubilarse y que es menos dinero que antes, pero, al menos de momento, es lo suficiente y tengo pocos gastos.
Se me ocurren algunas visitas culturales y decido que serán para cuando haga mejor temperatura. Ahora mismo me da pereza callejear con este frío áspero. Y por un momento me siento culpable de no estar aprovechando el tiempo a tope. Luego me digo que es mi tendencia ansiosa y que disfrutar de la casa o de algunos días tranquilos también es sacarle jugo a mi nueva vida.