Tengo en las lumbares una degeneración artrósica moderada. Algo así dice el informe de la resonancia magnética que me hice el martes. Vuelvo al traumatólogo en breve y también, como me ha recomendado, veré a un nuevo reumatólogo.
De especialista en especialista cual jubilada clásica, leo que hay poco tratamiento posible, excepto analgésicos y antiinflamatorios comunes. (Mecachis, eso suena horrible). También que el malestar se va cuando terminan por desaparecer las proteínas de las almohadillas que recubren las vértebras. Y que entonces simplemente deja de doler porque ya no hay tanta sensibilidad. (Supongo que, añadida, habrá también una cierta rigidez de movimientos. Espero que no excesivamente invalidante).
Me preocupan mucho más mis dedos inflamados y la pérdida de fuerza y psicomotricidad fina que esa deformación pueda llevar aparejada. ¿Y si me dificulta la vida diaria, y si me impide coser, pintar o escribir?
Porque la escritura es lo que ahora más me motiva y por eso sigo dándole vueltas a mi nuevo proyecto. Me he animado enseguida y me he lanzado con muchas ganas. No me importa que sea para largo, y mira que ya sé de sobra que una novela lleva meses de trabajo.
La ilusión suele ser lo que me empuja. Por eso necesito contar cosas que me crea, que no me parezcan frivolidades o minucias sin sentido. Tal vez sea un prejuicio, pero es que todavía se me ocurren muchas cosas que contar y denunciar a la vez, no me veo escribiendo fantasía, o chiklit, ni siquiera juvenil, aunque de este último género me rondan a veces algunas ideas interesantes.
Lo que yo siento ahora es que necesito mostrar mi parte de la Historia en ese gigantesco mosaico humano que es la literatura realista. (Y que quede muy clara mi consciencia de ser solo una humilde escribidora, que no se me atribuya ninguna pretensión). Lo que puedo recordar del franquismo, los primeros setentas, en un ambiente de barrio, es mi nuevo trabajo. De la transición ya habla Nina. Y para los ochenta y noventa algo habrá luego, todavía es solo una idea larvaria.
Intuyo que a estas alturas de mi vida no tengo tiempo que derrochar. Tal vez sea solo mi tendencia al estrés, aunque mis males físicos corroboran esa idea de no posponer la escritura por si acaso. Quizá más adelante, si se me agotase la inspiración que ahora me empuja podría dedicarme a otros temas. Por el momento, está claro que no. Y no me frustra ni lo más mínimo, me siento cómoda y segura en mi trayectoria.