Son las siete menos cuarto de una oscura y lluviosa mañana. Comienza un largo fin de semana de cuatro días que me apetece mucho compartir con JC. Tecleo medio dormida, después de un despertar demasiado tempranero, hace ya más de dos horas. Es muy típico en mí esto de no poder dormirme aun teniendo todavía un poco de sueño. Tendré que dar una cabezadita después de comer para recuperarlo.
Ayer resultó una mañana bien cumplida, no solo por el láser, que sigue funcionando en mi delicadísima piel. Me lie la manta a la cabeza y recoloqué la buhardilla. Llevo toda la semana faltando a costura y Photoshop, pero consiguiendo mis metas. Me temo que esto prueba que me he enrolado en demasiadas actividades fuera de la casa.
Pero, bueno, aunque sea despacio, ya he revisado y reestructurado mi vestidor, el sótano, el cuarto de costura, y finalmente mi estudio. Necesito un entorno amable para poder seguir avanzando. Y para ello he tirado mucha metralla, tanto de ropas y telas como de papeles, en los tres lugares. Me falta todavía un empujoncito en la habitación de G, pero será pronto.