Como tantas mañanas, tecleo en la oscuridad tempranera. Son las 6:45. Ya hemos cambiado la dulce y suave colcha de verano por el grueso y recio edredón de invierno. El sistema automático salta a veces y templa la casa, aunque todavía, es lógico, la calefacción no está a pleno funcionamiento.
Ayer no fui nada productiva, me sentía cansada, así que apenas hice una compra por la mañana y dediqué la tarde a ver pelis con JC. Fue una jornada desapacible, menos mal que fuimos a dar nuestro paseo antes de comer, porque después el ambiente no invitaba nada a salir de la casa.
Hoy me despierto más animada y me propongo darle otra vuelta al principio de la novela, después de lo que me han comentado los compañeros.
A ver si esta vez consigo mantener a raya la ansiedad, que ayer me atacó sin tregua y me hizo comer un poco más de lo necesario. Esa va a ser mi próxima batalla. Y muy especialmente después de la boda del próximo día 26. Se nos casan otros amigos del entorno que nos dejó Rodrigo. Ay, qué lindos. Espero que todo salga según sus previsiones y, lo más importante, que les vaya bien a ellos en ese compromiso vital que empiezan.