Aquí sigo, muy animada, leyendo el periódico entre las sábanas y disfrutando del tiempo para mí. Qué suerte, madre mía.
Ayer dediqué la mañana a DaVinci, un programa gratuito de edición de vídeo. Apenas rasqué en él, tengo tarea por delante. También hice tomas de prueba con el móvil, me maquillé para comparar y usé a ratos el micrófono nuevo. Con toda esa actividad más una visita al híper y cocinar un poco, se me fueron las horas en un suspiro.
Por la tarde, cuando salía con JC para irnos de compras, se me acercó la vecina del número 2 y me sorprendió con unos comentarios sobre el libro de Rodrigo que me alegraron el día. Me dio las gracias por haberlo escrito y me confesó que con su lectura pudo romper a llorar la muerte de su madre, sucedida once años antes. Luego me aseguró que lo había leído dos veces, y que ahora lo estaba haciendo su hija. Yo le agradecí la confidencia y le conté que a mí también me había ayudado escribirlo. Cosas veredes, amigo Sancho. Eso es algo que nunca hubiera imaginado, antes bien, todo lo contrario, yo pensaba que los vecinos que vinieron a la presentación apenas abrirían el libro, que solo fueron por cumplimiento social. Y mira lo que una se encuentra. Sentí un espaldarazo como escritora. También, la presencia dulce de Rodrigo. Hoy todavía tengo el ánimo muy alto después de esa experiencia.
En un rato vuelvo a costura, intentaré que los marujismos no me bajen la moral. He decidido ir en MetroSur, porque en coche me como demasiados embotellamientos y es tan difícil aparcar que tardo lo mismo o más y encima tengo la angustiosa espada de Damocles de no encontrar sitio a tiempo. Lo de que sea cerca ya ni te cuento. No merece la pena.
Por otra parte, me debo buscar yo sola la vida, pues la profe atiende a lo que le pida, pero no tiene un plan organizado. Así que no debo despistarme, sin querer tampoco llevar un ritmo frenético. Iré encontrando mi estilo.
Son las 7:23, JC se marchó todo guapo, con una de las camisas que compramos ayer. Ha llegado el frío del otoño, ya no se puede ir con manga corta. Dejaré aparcadas ya las sandalias y volveré a mis botitas, y a unas deportivas nuevas que conseguí el sábado y me parecen muy prometedoras en comodidad y aspecto.
Tengo por delante unas horas agradables, otra vez soy consciente de que soy afortunada. Es un lujo poder dedicar mi vida nueva a las cosas que me gustan, así, una tras otra.