
Como todo llega, aunque esta fecha no se note mucho desde fuera y mis compañeros me den por jubilada desde mi despedida de junio, hoy soy ya oficialmente una pensionista de MUFACE.
No me quejo. Aprobar esa oposición en 1984 me cambió la vida. Me he ganado el sustento con honradez y tengo una buena pensión. Es cierto que la tarea siempre fue ingente y que la Administración fue, es y será también siempre un ama esclavista, pero conseguí llegar aquí con medianas edad, salud y energía. Esperar cinco años más habría sido un desgaste tremendo. Y a saber cuánto podrían cambiar las condiciones legales y vitales en ese lapso de tiempo. Ahora, sin embargo, y menos mal, todavía me alcanza el ánimo para hacer muchas cosas.
Para celebrarlo, hoy viajo a Madrid en tren y metro. A ver dos academias de patronaje y costura. Y a conocer la sede de la Escuela de Escritores, con la que llevo años haciendo cursos on-line.