Publicado en reflexiones

A un solo día de distancia

Tecleo en la buhardilla, a las siete y media, aunque llevo leyendo noticias y remoloneando ya más de una hora. Qué sensación maravillosa esta de seguir en camisón, con la casa abierta refrescando y ventilando, sin obligaciones ni prisas.

No necesito volver a pasarme por mi insti, nadie lo espera y mi plaza ya está cubierta por un interino. Creo que se llama Víctor y es tan joven que no sé si los alumnos se lo van a comer con patatas, como les pasaba a los novatillos del año anterior. Nunca se sabe, pero en todo caso, eso ya no me incumbe 😉 En fin, que me habría gustado saludar a algunos compañeros que no vi ayer, pero tampoco tengo la seguridad de encontrarlos hoy. Así que si voy o no dependerá de mi ánimo y de si me canso de escribir. Ahora son estas otras mis prioridades. A ver si consigo terminar por fin el borrador de mi novela, jo, que está siendo de lo mas trabajoso.

Y aunque llevo cinco semanas con un horario bastante regular, las sensaciones de irrealidad me siguen acompañando. Imagino que voy a necesitar tiempo para que la rutina diaria se convierta en un bálsamo.

ACTUALIZACIÓN: He ido al híper solo por salir de casa y dejar de pensar. He matado a mi protagonista y el proceso de escribirlo ha sido durillo. Tampoco ayuda la soledad. Y menos aún la constancia absoluta de que ya no pinto nada en mi trabajo. Ni siquiera me acercaré. Aunque sea mi último día, ya estoy amortizada para todos.