
Nuevo día de vacaciones, esta vez con un viento frío que me ha obligado a cerrar las ventanas enseguida. Llevamos varias jornadas de tiempo más que agradable, excepto para ir a la piscina, que no apetece nada.
Terminamos hoy los papeleos de los coches, con miedo en mi corazón. Siempre lo tengo y no va a haber ya manera de sacarlo de allí. Pero hay que seguir. Ay, Dios mío, y caminar no sé muy bien a dónde.
Respecto a mi novela, se me resiste. No llego a saber si es que todavía estoy cansada emocionalmente, si me aburre el tema, si es lo normal sentir estos agobios en el puro desenlace o si es que en el fondo no quiero acabarla. Voy muy despacio, nada que ver con la fluidez del año pasado.
Y, finalmente, WordPress ha dejado de felicitarme por mi asiduidad publicando entradas. Todo tiene un límite. Me hace gracia.
ACTUALIZACIÓN: Pues no, error por mi parte: las felicitaciones están ahí. Debe de ser que no me percaté los días anteriores.
