Publicado en reflexiones

Miércoles 7 de agosto

Esto es ya un diario, porque escribo cada día desde que me dieron las vacaciones (nueva felicitación automática, 38 entradas seguidas). Anoto unas líneas en la buhardilla, como siempre, con todas las ventanas abiertas, buscando un frescor que no alcanza del todo, porque la temperatura no bajó de los 23º en otra noche tropical. Sopla viento del oeste, cálido, pero mueve las hojas y trae con él los ruidos del tráfico lejano.

El verano actual no difiere demasiado de los anteriores. El pasado estuvimos agobiados por la enfermedad de Ela y éste por la de J, pero mi situación emocional es distinta. Supongo que saber que no tengo puesto de trabajo al que volver me remueve un poco más. Estoy nuevamente intranquila, tendente al estrés y a preocuparme en demasía, con la mente obtusa de calor y cansancio acumulados.

Algo voy escribiendo. No tanto como  al principio de la novela, lo que es lógico, por otra parte, porque ahora cerrarla es más complicado. A veces voy a la piscina, no camino por miedo a cargar la espalda y ayer me pasé comiendo lo que no debía, así que hoy me toca dieta total.

Vida cotidiana 😉