Tecleo en la buhardilla, toda la casa abierta de par en par, buscando un frescor que no llega. Este bochornoso día estival empieza y termina con la cabeza cargada, como todos. Me muevo despacio, pospongo algunas tareas tediosas y cargantes. No rindo a buen ritmo. Menos mal que tenemos aire acondicionado, aunque no está puesto de continuo y tenemos asumido que estas son las limitaciones de estas fechas.
Leo un poco. Descubro nuevas posibilidades para la novela en artículos periodísticos y dejo pasar los días (con la rabia que me da no aprovecharlos hasta el microsegundo) esperando temperaturas más benévolas.
Al menos hoy puedo compartir todo mi tiempo con JC, sin obligaciones laborales o visita hospitalaria.