
Ha pasado la semana rara, la de la vuelta de Navidades, con los alumnos medio enloquecidos y que hay que domesticar otra vez, y la de las sensaciones de irrealidad. Cuando pienso que es mi último regreso navideño, constato que no siento nostalgia, solo un intuitivo deseo de ser práctica. Y compruebo finalmente que funciona. Perfecto, entonces, no le doy más importancia, la veteranía es un grado: prueba superada.
Voy cerrando fechas para las presentaciones de marzo y mantengo un prudente optimismo respecto al libro. En todo caso, voy a hacer todo lo posible para que se difunda. Y me propongo tres citas. A ver qué tal sale.
Ayer mismo me he embarcado en otro proyecto importante: una dieta para adelgazar. Lo cierto es que llevaba un tiempo valorando la idea, pero no me he decidido hasta que se me han resentido algunas dolencias. Ahora ya no es solo por estética y el gustazo de perder unas tallas. Además de que el endocrino es práctico y resolutivo, la dieta me está funcionando tan bien, que en apenas dos días ya noto la diferencia, así que ando muy animada.