
He perdido el ritmo de acostarme pronto para poder madrugar sin demasiadas angustias, se hace tarde y no tengo sueño. Reviso mis obligaciones y compruebo que tengo preparadas mis cosas y mis clases. Constato luego que no me importa demasiado regresar al trabajo, justo cuando me asalta la consciencia de que empieza el último segundo trimestre. Incluso me invade hasta un puntito de ternura, fíjate tú…
Llega un mes loco de enero, plagado de exámenes y extras, presentación de proyectos y comisiones de servicios en otros centros. Ahora que tenía el estrés bajo control me temo que volverán las oscuras golondrinas de la ansiedad. A ver cómo la sobrellevo. De momento me siento optimista.