Dos meses yendo a clases de costura, unos cuantos días haciendo patrones con un método raro que exige luego excesivas reformas sobre el cuerpo y un vestido a medias que por fin he terminado. Ese es el resumen de mi trayectoria costurera de los últimos tiempos.
El susodicho vestido no tiene una hechura demasiado elegante, me tira de sisa y me sobra de cintura, hubo que hacerle una abertura innecesaria en el cuello y las mangas son raritas. Pero ya está. Pude arreglarlo sola. Y sí, he aprendido algo, aunque sea poco: el nombre del pespunte de carga.
Menos da una piedra. Y en última instancia, tenía que comprobar la calidad de esas clases tan cerquita de casa. Una lástima que no me resulten aprovechables.