El domingo comimos opíparamente en nuestro italiano favorito, con unos amigos de siempre. No faltó la cena bien cargada de la Nochebuena y en unas horas llega la comida de Navidad. Tecleo ahita en esta madrugada oscura, mientras mi organismo se queja de los excesos.
Así son las fiestas: reuniones y comidas. Todavía cansada de todo el trimestre, me bandeo como puedo entre estas fechas engordantes.
Intento vivir el momento, no comparar con el pasado, no agobiarme por el futuro. Y en el hoy me muevo, cargada de nostalgia, de estupefacción, de sentir que todo se ha vuelto anodino y romo, de echar en falta a Rodrigo y a media familia.
Otra vez Navidad. La última como profe. Y me pregunto qué me espera en la próxima vuelta del camino.