
Es muy pronto, aún está oscuro, ya le he escrito unas líneas a Rodrigo en su bitácora y le he llorado. Me preocupa que los ojos se me inflamen, estar demasiado cansada por el madrugón, que todavía no me he pintado las uñas, cómo me quedará el vestido, si aguantaré los zapatos, el espinoso asunto de aparcar…
Dejo que todos esos pequeños agobios me distraigan de la pena primera y principal: la ausencia de Rodrigo. Es en momentos como este cuando más le añoro.
Pero resisto. Como a él le gustaría. Rectifico, como él me inspira, en presente.