
Llevo apenas dos clases con los alumnos pequeños y disfruto por última vez de esa dinámica inicial. Ese tanteo entre ellos y yo para ver qué nos espera juntos.
Son muchos, ya destacan algunos muy buenos, todavía están tímidos y no alborotan pero eso también llegará, lo de siempre que de pronto es el final.
Noto un cansancio infinito cuando llego a casa. Nada del otro mundo, simplemente sucede que ya no soy tan joven y acuso el esfuerzo. Por eso creo que me merezco dejarlo antes de que el agotamiento me aniquile.
Solo un apunte más: a pesar de los años y el desgaste, me gusta mi trabajo y me iré satisfecha por la tarea realizada.