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Edfu y Kom Ombo

Desayuno pobre y demasiada gente, ya desde el buffet. Pequeño viaje en bus para ver el templo de Horus, de los Ptolomeos, con magníficos murales y bajorrelieves. Eso sí, mucho de ellos picados por el fundamentalismo religioso.

Me encantó el deambulatorio, o como se llame, absolutamente gigantesco, con la historia de Horus e Isis a lo largo de sus paredes. Nos contó el guía que allí se solían ubicar los enfermos que querían tratamiento y allí los atendían los sacerdotes.

De nuevo en el barco, para comida de similares características, pagamos dinero de propinas y de excursiones extra al guía Ibrahim. Y encargué una camiseta de jeroglíficos con mi nombre.

Después de unas hora de navegación y contemplar las variantes márgenes del Nilo, llegamos al templo de Kom Ombo, donde se nos hizo de noche y las luces le dieron nuevo empaque. Dedicado a los dioses Lobek (cocodrilo) y Haoeris, se cuenta que sus sacerdotisas se dedicaban a la magia negra.

Tras la cena nos invitaron a una fiesta, pero lo de bailar va poco con nosotros, y menos aún con mi tendinitis. Además de que ya estábamos avisados de que nos despertarían a las 03:00 para salir a las 04:00, única manera de recorrer los casi 300km hasta Aswan y disfrutar de Abu Simbel temprano en la mañana.