





Madrugando a las 5:00 (para poder salir a las 6:00 y que cundiera el día), el desayuno fue muy flojo, y el resto del día, muy emocionante.
Karnak fue nuestro primer descubrimiento en el país y nos impactó. Nos emocionaron las columnas policromadas y los múltiples y magníficos jeroglíficos. Como era temprano, no había demasiada gente, cosa que agradecimos y comparamos después. Ya apretaba el calor y el gorro (con las consiguientes sudadas) era primordial para sobrevivir.
En Luxor también muy llamativas la murallas, los colosos, las columnas como palmeras, los patios porticados. Bellísimo.
Volvimos al barco a comer y luego cruzamos al otro lado del Nilo para llegar al desierto, al Valle de los Reyes, donde hay muchísimas tumbas excavadas bajo el suelo. El calor era tremendo, aun en noviembre. Cada tumba con su acceso, a menudo bajo múltiples escaleras, invitaba a visitarla, pero no teníamos tiempo para todas.
Vimos las de Ramsés I, Ramsés IV y Ramsés IX, todas ellas con magníficas pinturas y grabados murales, jeroglíficos y textos cuneiformes, pero siempre rodeados de turbas avasalladoras, de un gentío que nos acompañó todo el viaje ya desde aquí. Y que lo hizo, a menudo, más agotador.
Para movernos entre lugares, desde donde nos dejaba el bus hasta el lugar arqueológico, había unos cochecillos eléctricos. Así llegamos al valle de lo Reyes y al templo de Hatshepsut y sus tres terrazas. Aunque este último, al parecer de menos calidad, nos pilló ya cansados y faltos de tiempo, por lo que solo lo vimos de lejos, no llegamos a entrar.
Finalmente, hicimos una parada brevísima en los Colosos de Memnón, apenas para unas fotos, y hasta hubo gente que no se bajó del bus.
Regresamos al barco cansadísimos y yo muy dolorida. Desde entonces, tuve que tomar anti-inflamatorios y sufrí una tendinitis aquilea. Desde aquí, asimismo, conocimos el asedio de los vendedores pesados (cocodrilos, según el guía), que también nos acompañaron (distintos, pero siempre con las misma mañas) durante todo el viaje 🙁
Cenamos lo que se se llegó a convertir en la misma comida repetitiva y mediocre, con botellas de agua a 1€ y nos fuimos a dormir hechos un escombro, cuando apenas habíamos comenzado la aventura.