Publicado en reflexiones

Entre el tedio y la melancolía

El otoño a estas alturas de noviembre es ya muy tristón. G y B tienen sus vacaciones, se aproxima la Navidad con demasiadas (y dolorosas) sillas vacías, además de que la pandemia amenaza con una nueva ola. Somos muchos los vacunados, pero los irresponsables que pasan de todo viven a costa de la inmunidad que ha conseguido la mayoría respetuosa de las normas. Y no contentos con ello, protestan de las restricciones. Como si fuesen manías de los dirigentes. La estulticia del ser humano descorazona.

Sigo con mis tres cursos (algo baja de rendimiento, pero llegando a todo) y con el pestiño de la rehabilitación (constatando que no me recupero como creí que podría). Empiezo a temerme que la tenditinis se quedará y tendré que asumirla como achaque de mi edad y condición.

Sufro también una crisis de tristeza y desesperanza. Una mezcla de miedo (típico de mi estrés postraumático) junto con una fase de angustia existencial. Procuro no sumirme en el abismo, considerarla otra etapa de «noche oscura» como las que ya he vivido (padecido) antes.

Y voy tejiendo una red de posibles presentaciones para NINA. Quizá la COVID_19 dé al traste con todo, pero no se puede poner la venda antes de la herida. Si llega a suceder, ya veremos.