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Con los libros en casa

Llegaron las novelas en cuatro cajas. Voy redactando dedicatorias, quedo con unos y otros para entregar el libro en mano a los que así lo eligieron. Así llevo desde el cumpleaños de Rodrigo, que me hizo ese regalo al estilo hobbit. Y no me quejo. Es una experiencia curiosa. Por supuesto, también interesante.

Mando por WhatsApp un último llamado a la compra de Nina, porque solo quedan cinco días de preventa. La editorial me envía la lista de los compradores. Y me sorprende leer nombres de antiguos compañeros. Y también la ausencia de algunos que creí que participarían pero no están. Y que me duele que falten.

Varios han respondido que se habían despistado y que agradecen el recordatorio. Otros me desean suerte como fórmula de negativa cortés. Y yo no quiero spamearles más. Cinco amables mujeres del grupo de escritura de la FCPJH, a las que conozco de pocos meses, se sumaron a la causa. Uno del Taller de Personajes. Nadie del de lectura de la Biblioteca. Al final responden aquellos con los que se tiene el contacto más cercano, qué curioso.

Veo pocos amigos de Asturias y solo uno del instituto, aunque habían mostrado interés previo. Supongo, quiero suponer, que esperan a que se los lleve en persona, que prefieren la librería de la esquina, que hacen pereza… La vida del escritor es así. Y yo ni siquiera llego a ser escritora del todo. Me siento como una vendedora de crecepelos, o de fasciculos. Ardua tarea. Y de pronto sé que cada título será más difícil de vender que el anterior. Si es que consigo publicarlos, que esa es otra. Menos mal que no he de vivir de ello.

En medio, todavía, de restricciones de aforo, tengo una humilde presentación on-line. Será a través de Instagram, ni siquiera un Zoom. El próximo martes, justo el último día de preventa. En las que he estado nunca ha habido demasiada gente. No creo que haya tampoco en la mía. La capacidad de publicidad y de distribución de la editorial es muy pequeña. Como imaginaba, se nutre de los amigos, conocidos y familiares que cada autor puede movilizar. Un par de instagramers y dos bloggeras no son tampoco grandes altavoces de los títulos.

A ver si la siguiente autora es algo mejor, porque lo visto hasta el momento me hace sentir fuera de lugar. Qué pinto yo aquí, con mis años y mi técnica. En las dos últimas pasé vergüenza ajena, y comprendí que yo no encajaba, que estoy a años luz de los dos caballeros escritores con los que comparto esta segunda tanda de títulos. En demasiadas cosas.

Y cuento, también, que me quedé perpleja cuando el editor, en confianza y en privado, me agradeció el trato cortés y la profesionalidad. Pero, entonces, ¿cómo se habían comportado los otros? ¿Quizá me equivoqué al firmar con esta editorial incipiente?

En fin, me digo. Es pequeña, sencilla, poca cosa, vale. Pero es lo que pude encontrar. Tampoco yo soy la nueva Isabel Allende. Otros se conformarían aun con menos. Cualquiera de los amigos y compañeros escritores que he ido haciendo en los últimos años. Y, desde luego, ni se me sube el pavo, ni me creo superior, ni menos aún se me ocurre que pueda yo convertirme en una bestseller. A mi edad. En mis circunstancias…

Hago estos pinitos y punto.

ACTUALIZACIÓN: Vaya si sirvió mi último llamado 🙂 Ha sido estupendo. Casi todos los que me faltaban, en mi lista imagianaria, y alguno más que ni llegué a intuir.