Publicado en reflexiones

Otro finde más

Pues claro que estamos ya hasta las narices de la pandemia. Todos. Pero parece que somos pocos los sensatos. O que los alocados hacen mucho ruido.

Al final, la estupidez humana me produce más hartazgo que la propia situación. Ese infantilismo de buscar culpables fáciles más allá del virus, muñecos de pimpampúm en los que desahogarse. Esa inmadurez que exige la libertad absolutamente necesaria de irse de juerga. O esa egolatría, porque también tiene una enorme parte de autocomplacencia y de mirarse el ombligo.

Miles de ancianos murieron en las residencias por la gestión criminal de la Comunidad de Madrid, que impidió su acceso a los hospitales. Otros miles de contagios, con sus víctimas y sus efectos secundarios, se podían haber evitado con más rastreadores. Pero nunca han sido los necesarios. La consigna de IDA y sus golfos apandadores es aprovechar la coyuntura para desmontar aún más todo lo público.

Por eso millones de euros son derivados a manos privadas (hospitales de campaña, vacunódromos improvisados, entre otros, más todos los servicios que necesitan) mientras la sanidad pública soportaba, soporta y soportará, el grueso de la lucha contra la COVID-19. Como puede. Con economía de guerra. Dejando de lado otras patologías. Propiciando la contratación de seguros médicos privados para lo más elemental y que sigue siendo necesario.

¿Y esa gestión lamentable resulta que la gente la valora como buena porque están los bares abiertos? ¿O es desinformación? ¿Tantos ciudadanos viven ajenos a la realidad, inmersos solamente en su burbuja? Cualquiera de ambas explicaciones me deprime. Mucho.

Me refugio en lo que puedo. En actividades que ocupen mi mente, como curso de Creación de personajes, entre otras cosas. Ya tuve la primera sesión y me gustó mucho. Pero esa es otra película, que ya contaré en una próxima entrada.