Publicado en reflexiones

Una semana después

Seguimos aislados por la nieve. El medio metro no se ha derretido en los lugares más umbríos, como nuestra calle fondo de saco. O en las vertientes al Norte de los tejados y terrazas. El vecindario se echó fuera para abrir senderos y gracias a esa colaboración cívica se puede caminar un poco. Hasta la farmacia. O para conseguir pan y pequeños suministros en el chino de Islas Canarias. Pero los coches siguen atrapados y estamos tirando de las reservas de despensa y frigorífico hasta que sea posible acercase al híper con los vehículos. Menos mal que yo siempre los tengo bien surtidos.

Hay previsiones de lluvia y subida de temperaturas, lo que necesitamos para deshacernos del exceso de nieve. Porque ahora mismo sufrimos una ola polar con hasta -12°C por la noche, algo jamás conocido en Getafe. Tampoco es que se tengan datos, más allá del último siglo, pero está bastante lejos de las medias que yo puedo atestiguar. Llevamos aquí treinta años y ya -2°C nos parecía muchísimo. Vivir para creer.

Tan malamente seguimos colapsados por la nieve, que no se han reaunudado las clases presenciales. Todo va telemáticamente. Y la CAM ha ido anunciando la vuelta para el miércoles 13, para el lunes 18 y ahora para los de la semana subsiguiente, miércoles 20 y jueves 21. Primaria, Secundaria, Bachillerato y Universidad.

Noto la inactividad física. Debería volver a la bicicleta estática y a la dieta. Sobre todo porque cuando no quemo energía, me sube la ansiedad. Extraños tiempos vivimos, la verdad es que sí.