Publicado en reflexiones

6 de enero de 2021

Escribir el nuevo dígito del año me resulta rarísimo todavía, incluso el autocorrector tiende a proponer 2020. Tecleo arropada por el edredón, a las 4:54 de la mañana de Reyes. He dormido poco, pero no me siento cansada. Supongo que mi organismo no necesita más, y que es lo esperable en estos días de escaso desgaste, ni físico, ni mental.

Y eso es así porque los -6°C, que dice la AEMET, no es temperatura que incite a dar paseos por la calle. Además de la pandemia, ahora es el clima lo que nos empuja a permanecer en casita, cuasi confinados. En lo demás, salimos solo a lo imprescindible, evitamos al máximo los contactos y usamos mascarillas FFP2 en los que son inevitables. Está claro que la vida se está poniendo sedentaria estas últimas fechas. Intentamos equilibrar la balanza con un poco de bici estática, y no comiendo demasiado. Ya veremos si funciona.

Ayer tocaba la compra semanal y quise ir a las nueve, según abren, como suelo por evitar aglomeraciones. El sol brillaba en un cielo limpio y no le puse atención a nada más que no olvidarme de la lista. Cuando salí a la calle, un frío inesperado me golpeó físicamente. Costaba, dolía, respirar. Y al momento tuve buena muestra de que no era una sensación subjetiva: los cristales del coche estaban cubiertos de hielo. Me costó dejarlos limpios. El termómetro interior del vehículo marcaba -3°C. Lo nunca visto. Y el volante estaba tan gélido, que se me helaban los dedos al tocarlo. Ahí entendí por qué algunos coches nórdicos lo tienen calefactado.

No recuerdo haber vivido nunca aquí temperaturas tan bajas. Y ya son casi treinta años los que llevamos en Getafe. En ese mismo termómetro, yendo a trabajar, sobre las ocho de la mañana, había llegado a ver algún -1°C, hace ya tiempo, y ya me parecía la pera. Esta ola que ahora nos afecta amenaza con nieve para el fin de semana. Casi es preferible a este frío seco y duro. Cuando nieva, templa. O eso dice el refrán. Ya veremos. Quizá nos vendría bien una gran nevadona, que mantuviera a la gente en sus domicilios. Tal vez así podríamos doblegar la maldita curva que vuelve a subir. Quién sabe.

Empieza el 2021 con más vacunas que medios y organización para ponerlas. Madrid sigue con la privatización y el desvío de los recursos públicos. No entiendo que haya tantos votantes que aplaudan el desmantelamiento del estado del bienestar, contra sus propios intereses. ¿Es ignorancia, fanatismo ideológico, dejadez? ¿O es que ya la mitad de la población se paga aparte los servicios, o eso cree, y considera que la protección de lo público debería ser mínima, sólo asistencial? Me parece tristísimo que tanta gente sea partidaria de semejante sálvese quien pueda. No solo por la insolidaridad que derrocha, sino porque demuestra una estupidez social abochornante.