Publicado en reflexiones

Fin de semana de descanso

Volví a hablar con FG, el editor, y ahora por fin comprendo del todo la propuesta y me he quedado más tranquila. No es coedición, porque no tengo que pagar nada, pero la primera presentación corre toda de mi cuenta, casi como si autoeditara. A cambio, la distribuidora es profesional y las siguientes presentaciones y ventas, si las hubiere, pueden ser ya tradicionales. En conclusión: editan de forma peligrosamente al límite. Pero es lo que hay. Y más en estos tiempos de pandemia.

El lunes por la tarde tengo clase presencial en la FPJH y podré hablar con el profesor, ChA, al que pedí ayuda por email en un rapto de desesperación y que ha resultado un experto en el tema. Madre mía, qué suerte haber elegido ese curso, qué a propósito. Y haber encontrado al profe, porque además es cercano, amable y colaborativo. Estoy casi decidida a seguir adelante con la editorial, aunque me esperaré a ver qué me dice. Creo que también me va a animar, pero por si acaso. SB, el editor del libro de Rodrigo, me pidió que le tuviera al tanto de cuándo publicaba y me deseó suerte. Vamos, que él daba todo por bueno, incluso conociendo las circunstancias. Y eso significa, o bien que se leyó todo en diagonal, o bien (y eso es lo que me temo) que esas circunstancias le resultan más que conocidas y que es lo que puedo esperar yo en mi bisoñez.

Porque hay más de 300 editoriales indie en este país nuestro. Y más clientes entre los que escribimos que entre los que leemos. ¿Será esta la fórmula actual de muchas de ellas? Imagino que hacen impresión a demanda (los libros que yo les pida), recuperan la inversión ipso-facto (en el plazo de un mes), y con eso ya pueden ir tirando respecto a las demás presentaciones o ventas. FG me dio más datos de portadas, maquetaciones, precios y el proceso completo. Resolvió todas mis preguntas de forma abierta y, al menos así lo creo, honesta. Por eso pienso seguir adelante y probar suerte. Veremos que dispone la diosa Fortuna.

No escribo más, hoy ando un poquito destemplada y cansina, de manera que se me agolpan las ideas y llevo un buen rato remozando los párrafos con resultados mediocres. Como toda la noche me estuvo doliendo la garganta, nada más levantarme me tomé un Stopcold. Esa mezcla de cetirizina y seudoefedrina dan un empujón mañanero, pero por la tarde llega el destrozo total. De resultas, no he terminado mi vídeo de la semana. No me alcanzan ni la mente, ni las fuerzas. A ver si mañana estoy más despejadita. Buenas noches.