
Desde el viernes a las 22:00 vivimos nuevamente confinados. Es una versión ligera, que nos impide salir del municipio, pero permite la movilidad por todo Madrid para ir al trabajo, al médico o a cualquier cita administrativa o legal importante, a cuidar de un dependiente y alguna otra cosa más que se me olvida.
La pandemia ha aumentado exponencialmente en esta comunidad autónoma tan mal gobernada. Lo esperable tras una inexistente desescalada y el casi nulo rastreo. Son los lodos procedentes de los polvos de mayo. La farsa se pudo mantener varias semanas por el cocinado criminal de los datos, aparentemente buenos hasta que la presión hospitalaria demostró la pura realidad. Finalmente ha sucedido lo que nos temíamos desde el principio. Lo que venimos diciendo todo el verano.
Acabamos la tercera semana de vacaciones en casa. No quisimos escaparnos este último finde sin restricciones, que bien podíamos haberlo hecho. Y no solo por prudencia y responsabilidad elementales. También, debo confesarlo, porque ni teníamos nada perentorio que resolver, ni nada que nos hiciese una especial ilusión cumplir. Somos así de pánfilos. Por eso permanecemos en casita. Y no nos cuesta. Estamos bien.
Con este seudo-confinamiento, las tiendas siguen abiertas, con aforos limitados, y es el ocio nocturno el que sufre. Posiblemente el mayor culpable de los rebrotes, es también el que recibe la mayor estocada. Que esté todo cerrado a las 23:00 vuelve del revés a las la ciudades divertidas y trasnochadoras. Especialmente Madrid, pero también las limítrofes, como este Getafe, que suele disfrutar también de ambiente y buena marcha.
Nosotros, que somos muy tranquis, apenas notamos las restricciones. Salimos poco de casa y del barrio. Damos dos paseos de veinte minutos cada día y vamos a la compra una vez por semana. Sin embargo, ayer, en la caminata vespertina, un par de detalles nuevos nos llamaron la atención. Había muy poca gente en la calle, (solo nos cruzamos con una panda de jóvenes), y se veían muchos coches aparcados, lo que es más habitual ya muy de madrugada, no a las seis de la tarde. Quizá la gente se quedó casa, autoconfinada, no sabiendo muy bien qué hacer. Con tanto ruido mediático, las directrices para los ciudadanos han quedado muy poco claras.