Publicado en reflexiones

Domingo 10 de noviembre

Día de elecciones, sigo indignada por esta repetición innecesaria, que va a librar al PP de estar cuatro años con sesenta diputados, que pone en peligro a un Senado que salió progresista por primera vez en décadas, que augura aumento de la ultraderecha, que arriesga estúpidamente lo conseguido la vez anterior.

Voy a votar exactamente lo mismo que en la última convocatoria, pero hay gente muy cabreada que se quedará en casa. Y me temo que no serán los carcas, ni los retrógrados. Espero, al menos, que la derechona tenga su propia dosis abstencionista entre los de Ciudadanos sorprendidos por su deriva errática y que no se ven en ninguna otra formación. Ahí anda intentando pescar el PSOE, pero me temo que se ha dejado desprotegido el flanco izquierdo. Espero que se le escapen por el roto votantes serios, de los que no se quedan en casa.

En unas horas vamos a ver con quién pacta el mentecato. Porque no le queda más remedio. A no ser que haya acordado algo especial con el PP para que vuelva el bipartidismo y este último le apoye, como mínimo con una abstención en la investidura. Se creyó el petimetre hace unos meses que se la darían tan de gratis como la recibió Rajoy en 2016, pero se encontró con que esa gente es marrullera por definición. ¿Acaso tiene ahora otros avales apalabrados? ¿O es así de loco inconsciente?

Y esto que escribo es creyéndome las últimas encuestas, porque podría pasar que ganase la derecha del trifascio y que el muy gilipollas les hubiera regalado a esos impresentables el país en bandeja.