Publicado en reflexiones

Jueves 7 de noviembre

Cada mañana me sorprende el dígito de la fecha. Necesito este humilde ejercicio de consciencia matinal para no perder el sentido del tiempo. Las actividades externas me ayudan a ubicar el día de la semana, pero la cifra exacta tengo que verla. Debe de ser un defecto mío personal, pues cuando estaba en activo la escribía en la pizarra también con incredulidad, y hasta alguna vez me equivoqué.

Ayer tuve una mañana tontorrona, ni fui a clase de costura ni me cundió mucho escribiendo. Pero al menos pude descansar, porque dormir cuatro horas me dejó un poco maltrecha. Una breve siesta después de comer me entonó finalmente.

Hoy sí iré a Photoshop, aunque no he practicado nada, algo podré avanzar, digo yo…Iré en coche, aunque me vendría fenomenal un buen paseo, pero es que llueve mucho. Oigo las gotas de agua golpear los cristales de las ventanas. Ha vuelto el otoño. El liquidámbar estaba precioso, pero supongo que el agua le habrá despojado ya de todas las hojas.

Finalmente tenemos que anular la reserva para Venecia. Todavía hay un estrecho margen para hacerlo y además contraté un seguro. Sería una frivolidad ir antes, durante o después de una despedida que los médicos auguran inminente. Esto último nos desconcierta mucho. Nunca está uno preparado para la muerte, aunque sea una crónica anunciada.