No sé por qué, pero ando estresada. Me parece que no me cunde el tiempo y quiero hacer muchas cosas a la vez. Apenas me levanto ya estoy retándome a mí misma a llenar cada hora con la suficiente actividad para tener una mañana que pueda ser calificada de eficiente. Ese afán de exigencia es interior y muy estricto.
Pero por otra parte, me asaltan los miedos infundados y la sensación de alerta continuada. Ha vuelto el runrún ansioso que creía superado. Una lata.