
Son las cinco. Ayer J pidió el alta voluntaria y se fue a casa. No hará quimioterapia, esperará el final con paliativos y una convicción serena impactante.
Me he despertado pensando en eso, perdido el sentido del tiempo, agobiada por la cercanía de la Parca.
Intento distraer la impotencia y la sensación de pérdida con las rutinas adquiridas trabajosamente este verano. Mañana es el cumple de G y comeremos con él. La compañía siempre ayuda.
Me vuelvo a la cama, a ver si duermo un poquito más.