Publicado en reflexiones

Viernes 2

Se acumulan las cosas que debemos hacer porque por las tardes seguimos amarrados a las visitas hospitalarias. Bueno, más bien JC, pues yo me escabullí el jueves.

Hoy G hace un concierto así que nos iremos desde La Paz, nos da tiempo, abren las puertas a las 9:30, dice el cartel anunciador. Lo que no sé es cuánto aguantaré lúcida, yo que me despierto a las cinco y media y me voy a la cama siempre antes de las once.

Mi lumbalgia me sigue visitando, la muy puñetera, y mis piscinas sin nadar me resultan cada día más absurdas. Soy una viejecita que se queda donde no cubre y que se refresca cada día. Esa pinta tengo,  pero no me abate la autoestima. No solo porque me da igual, es que apenas acude gente con quien pudiera yo sentir alguna incomodidad. Tengo como únicos testigos al socorrista, que tiene poco trabajo conmigo, y a la que controla entradas y salidas, una eslava regordeta que cocina y canta entre visita y visita.

Sigo con mis labores de escribidora. Hasta mañana.