
Empieza a pasarme por la cabeza la morriña de mi casa. Lo conocido, la rutina que arropa vuelve a mi consciente.
Aquí estamos bien, hace un clima estupendo y no tenemos obligaciones. Vamos a la playa cada mañana, damos paseos, leemos, echamos una siesta, escuchamos a gente interesante en la Semana Negra… Y vemos a amigos o descubrimos nuevas cosas.
Pero siempre falta algo. Qué estúpida cuestión y qué humana, porque muchas otras personas también la confiesan.
No me dejo arredrar por esa tendencia. Carpe diem. El lunes volveremos a lo de siempre. Estas vacaciones son un extra, un lujo, un paréntesis vital que nos llena de experiencias diferentes y ralentiza el paso del tiempo. Las aprovechamos hasta el final.