
Por la mañana paseamos desde la Escalerona hasta el final de la playa de San Lorenzo. Embadurnados con crema solar de protección 50 estuvimos una hora bajo el sol, que por fin salió, y una brisa muy agradable. Qué curioso. Nada de calor insoportable, nada de cabeza ardiente o de arena que quema. No estoy acostumbrada al clima de estas latitudes y me sorprendo, pero me encanta.
Por la tarde hicimos una pequeña compra en el Alimerka cercano. Estos días gijonenses le estoy dando demasiadas oportunidades al pan y me temo lo peor. Aunque caminamos muchísimo, no sé yo si lo suficiente para que no me engorde. ¡Pero es que me gusta tanto!
El segundo paseo fue ir otra vez a la Semana Negra, donde escuchamos a Pepe Gálvez hablar de su nueva novela gráfica. Nos la dedicó.
Así que cuatro o cinco kilómetros sí hemos hecho. Me pongo las playeras y me mimetizo con los de aquí, que parece que trotan sin descanso de una punta a otra de la ciudad.
Y ni se me ocurre quejarme. Están siendo unas bonitas vacaciones.